Posted: Januar 25th, 2012 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
Al igual que el cuento de Brim se basó únicamente en la escena de la bebida morada, este cuento se basa únicamente en la escena del frío.
No es EL gran cuento, no es mi mejor cuento, ni tampoco es mi peor. Fue difícil escribirlo, pero se hizo el esfuerzo de contemplar las aristas de una mente en declive…
Don’t be too harsh with me…
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El claxón del taxi anunciaba mi partida. Buscando mis llaves tomé mi maleta y abrí la puerta. Los perros comenzaron a ladrar, me deseaban buen viaje en su particula manera de brincar y mover la cola.
Subí mi maleta al taxi y partimos. Dejando atrás mí nido. Cualquier tipo de pensamientos recorrían mi mente. Enumerando todas y cada una de las cosas que debía de traer y podría haber olvidado. Mentalmente me sentí tranquilo, creo que no faltaba nada.
Al final arribamos a su casa. Toqué el timbre, tímidamente. Siempre había considerado muy penoso saludar a sus papás, aún en las veces que tenía que ir. A ella simplemente le parecía gracioso y se burlaba, le parecía tierno decía, sonrojarme y semi-tartamudear, hablar rápido, cohibirme.
Saludé categóricamente a la familia como mi madre me había educado. Agradeciendo el permiso y la oportunidad de invitarla.
Siguiendo los canones sociales, le dieron la bendición, me leyeron la cartilla, y nos rogaron que nos portaramos bien, que nos cuidaramos, y que nos reportaramos para saber que todo estaba bien.
Una vez fuera de los territorios matriarcales, cargué su maleta hasta el taxi y emprendimos el viaje al aeropuerto. Nunca me ha gustado viajar en autobus, me parece lento mortal, quita la emoción y reduce el tiempo. El avión podrá ser más “caro” pero los beneficios que ofrece valen la pena. Durante el camino fuimos dialogando. Sobre el viaje, sobre la escuela, sobre el futuro, el pasado, el presente, uno nunca sabe qué puede contar que cambie la vida. Qué puede pensar uno que cambie el momento. Qué puede uno sentir que cambie al otro.
Curiosamente la plática se tornó un poco monótona, viajando entre diversos temas sin sentido, algunos decentes, otros perdidos de la mano decente de dios. El murmullo de los pensamientos se elevaban en mi mente. La contempleación de su cara se volvía hipnotizante, sus labios moviéndose solo invitaban a callarla con un beso. La incensatez de la mente se columpiaba entre las lianas del olvido de situaciones pasadas. No existía nada más, solo ella y yo. Mi cara mirándola fijamente, casi podía escuchar al fondo “I really need you tonight, forever is gonna start tonight”, mí mano reptando hacía la suya, al menos para sentir su piel.
El conductor interrumpió el momento preguntando “¿qué aerolínea jóven?”. Mi mano brincó, alejándose de su intento. Mi pensamiento volvió a la realidad, viendo la cantidad de autos rumbo a sus destinos. “Ehh… Este… Espere…”. Recobrando el pensamiento recordé, “Volaris” -- dije.
Deteniéndonos junto a la puerta, el conductor bajó cual gacela en huída. De inmediato le abrió la puerta y decendimos ambos. Pagué, y comenzamos a caminar. Buscando el área de registro de maletas.
“¿Emocionada?” -- pregunté.
“¡Sí!” -- respondió, como niña con juguete nuevo -- “¿tú?” -- preguntó de vuelta.
“Pues… Te diré hehehe” -- respondí socarronamente, era mí venganza por no poder haber tocado su mano.
“Eyy… ¿Quieres me voy?” -- sus ojos mostrando ira -- “-.-”.
“Hahaha, estoy molestando nada más. Sabes que soy un pequeño trollcito. Nunca diría nada malo de tí”.
Caminamos en silencio hasta el área de revisión. No existe TSA, pero casi nos desnudamos para poder pasar a la sala de espera. Su silencio se volvía lastimoso. Así que decidí tomar el asunto en mis manos. O más bien su mano en la mía.
“Perdón, sólo estaba jugando” -- dije, mientras ella volteaba a verme con cara de ‘te perdono pero ya verás’ -- “Prometo recomensarte” -- dije sonriendo mientras tomaba su mano.
Su cara se transformó en sorpresa, dejando la ira a un lado. Intentando quitarla hizo un esfuerzo por separarla, mis dedos presionaron un poco, entrelazándose entre los de ella. Ante el fallido intento, su cara se transformó en calma, ternura y tranquilidad.
Caminamos por los pasillos buscando nuestra sala, mientras platicaba mis “emocionantes” conocimientos recién adquiridos sobre el A380 y las maravillas que proveía al usuario. Mi mano cansada comenzaba a soltarla, mientras ella apretaba con más fuerza. Escalofríos recorrían mi espalda cada vez que lo hacía, recordándome lo frágil de los momentos bellos.
Siendo honesto no sé que parecía más eterno, mi plática o los pasillos.
No hacía frío, sin embargo el cielo se veía nublado. Rogué que no lloviera. Mi timing era perfecto, arribabamos a la sala de espera, cuando anunciaban que las personas con pase de abordar impreso se formaran. No hicimos esperar el ansia y nos formamos donde habíamos sido designados.
El piloto se escuchaba amigable. Las azafatas ofreciendo dulces. Los demás usuarios con sus clásicas actitudes de desesperación, corriendo, apretujándose. El choro de seguridad no se hizo esperar. El video continuó y continuó. Ella ni atención le prestaba, miraba la pista por la ventanilla. Siempre me ha fascinado ver esos videos e imaginar qué haría yo en esa situación. ¿Dejaría mi compu o iría por ella corriendo?, ¿Saldría corriendo como señora histérica?, ¿Mantendría la calma hasta que todos corrieran despavoridos, cayendo en las turbinas, destruyéndolas y dando lugar a la huída de los demas pasajeros?.
A mitad del vuelo el frío se hacía sentir. Habían olvidado las azafatas que la playa aún no existía en el cielo y que aún no llegábamos a esta, sin embargo habían sacado los pingüinos. Noté que ella tiritaba de frío mientras continuaba viendo por la ventana.
“¿Frío?” -- pregunté mientras tocaba su brazo.
“Síi-ii-iiii” -- sus palabras salían espaciadas. No traía yo sweater para ofrecerle, obvio, quién lleva sweater a la playa.
Haciendo uso de todo mi valor me acerqué a ella y la abracé. Sus brazos pegados a su pecho, mis brazos alrededor de ella. Presionándola contra mí cuerpo, intentando compartir mi temperatura, el ejemplo más claro y cursi para libro universitario de termodinámica. Su cabeza se recargó en mi hombro.
Poco menos fría, Yog hizo de las suyas. El avión se tambaleó, cruzaba éste un poco de turbulencia. Nuestros cuerpos saltaron, su cabeza se retiró de mi hombro. Volteó a verme. No sabía si era cara de susto, sorpresa, o emoción como la mía.
Mis brazos se aferraron a ella, como si unos brazos supieran volar, o pudieran salvarla de una catástrofe. La turbulencia continuó, haciéndonos brincar a todos en nuestros lugares.
Sin darme cuenta mi cara estaba pegada a la suya, a escazos centímetros. Sus labios se acercaron a los míos, su respiración acelerada por el evento rozaba mis labios. Sin pensarlo nuevamente, terminé de acercarme y la besé. La turbulencia había cesado mágicamente. El beso duró unos segundos, hasta que me separé.
“Pensé besarías peor” -- dijo mientras volvía a acercarse a mis labios.
Y el resto es historia. Con decir que cambiamos de dos a una habitación.
Posted: Oktober 13th, 2011 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | 1 Comment »
¿Qué somos cuando soñamos que no somos lo que somos?
¿Dónde comienza el ser y dónde las apariencias?
¿Qué es el amor sino un baile de apariencias, un desfile de pretenciones, una danza barroca de sentimientos ocultos?
¿Qué somos entonces cuando somos?
¿Somos lo que la gente pretende de nosotros?
¿Somos lo que uno pretende que la gente pretenda de nosotros?
Si somos puras pretenciones, ¿cuándo comenzamos a creerlas como verdaderas?
Un sueño es tan solo la apariencia fugaz de felicidad en una situacion tan hipotética, tan mágica, que no queda más que admitir que es un sueño. ¿Cómo podría no ser un sueño si es tan perfecto?
¿A caso podrían ser los sueños un diálogo con *Dios*? Si solo *Dios* es perfecto, un sueño sería solo una parada temporal en su jardín.
¿Pero que hay del amor? ¿Qué con él? ¿Dónde radican las apariencias y donde las vivencias? ¿Dónde están los sentimientos, dónde las personas y dónde la realidad?
El amor, de la manera más simplista, es la unión entre dos seres que dicen quererse (apariencias) y que de tanto contemplarse, se aburren (deshacen). Bien decía Antoine de Saint Exupéry que el amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar ambos en la misma dirección. ¿Pero cuántos amores son cegados antes de saber qué dirección es la que quieren?
¡Amores falaces! Como una rosa de plastico. ¡Amores ignotos! Como una América de Ibargüengoitia. Donde todo es una burla. Siempre tan preocupados por las apariencias que olvidamos que con el tiempo se desvanecen. Quedando desnudos ante los demás.
*Alta tasa de divorcios*, culpemos a la televisión, el libertinaje, la falta de valores y moral. Andiamo! con las acusaciones. El proceso de indirectas e interpretaciones prevalece, el ciclo de encuentro y flirteo prevalece. Solo hemos perdido la capacidad de contemplar lo que hay debajo de las palabras, considerar a las personas como opción, apreciar lo que tenemos o podemos tener con esa persona, y que una mirada sagaz elimine las apariencias banales.
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*¿Y qué con eso?* – preguntó ella con su cara de aburrimiento mientras bebía un sorbo de su copa. Sus labios rojos, bañados con la sangre de las heridas que me provocaban sus preguntas. Recorriendo sus labios, disfrutando cada gota de vino y sangre con su lengua, incitándome, seduciéndome a responder su pregunta y herir más mi pensamiento.
*Pues… Es… Lo que opino de las relaciones. Tú.. Ehhh… Tú preguntaste si me gustabas* – respondí entre titubeos mientras mis manos nerviosas jugaban con el tenedor, encajándolo en mis dedos. Con suerte lograba trinchar uno y comérmelo, al menos tendría un pretexto para no responderle más.
*¿Y tenías que hablar tanto?* – respondió
*Lo siento* – murmuré
Transcurrieron unos minutos de silencio, mientras el mesero rellenaba las copas. A un lado de la mesa pasó un compañero de la escuela.
*¡Der Ketzer! ¿Como estás? Hace mucho que no sabía de tí. Te desapareciste, cel, msn, facebook, nada. ¿Cómo te va?*.
Levantándome de mi lugar saludé con gusto mientras intentaba sonreir.
*Te presento a Brim* – dije mientras la señalaba. Irguiéndose ella de su lugar, con una sonrisa.
Platicamos un par de minutos yo abrazado de ella, de nuestra vida, el trabajo, intenciones de futuro, etc. Con una sonrisa de oreja a oreja. Nos despedimos y nos volvimos a sentar, cada gallo en su rincón.
*Apariencias* – pensé, mientras volteaba a ver a los demás comensales. Unos riendo, otros en silencio, unos haciendo negocios, otros recordando viejos tiempos con los amigos.
*¿Cuántos tendrán problemas en casa?* – pensé -- *O ¿cuántos no son felices con su vida, su trabajo, su pareja? Y aún así están aquí*.
Su coraje había disminuido ya. Tomó mi mano y sonrió. – *Lo siento, he estado estresada y a veces… Lo siento…* – dijo mientras besaba mi boca. Sus labios no sabían a sangre o a hiel. Eran dulces como la primera vez que la conocí.
Continuamos platicando por horas de nosotros, disimulando los problemas, ignorando a la gente. Momenos mágicos que compartía con ella. Hoy discutiendo de Sartre, mañana platicando de Kierkegaard. Un día burlándonos del cine mexicano, otro durmiéndonos con el de *arte*.
Rompíamos gustos para pertenecer a nuestro propio género, habíamos contemplado la vida juntos tantas veces que en ocaciones sentíamos que nos desvaneciamos de este mundo, el uno en el otro. Tan solo aparentabamos existir para el mundo, para la gente, para los conocidos que aún nos recordaban. Aparentando felicidad y tristeza, dolor y sufrimiento para complacer a la vida.
No teníamos que buscar nada o hallar ningún camino. Ya nos habíamos encontrado, el camino eramos nosotros.
Me quedé contemplando su hermosura, primero parecieron segundos, luego minutos. Sintiendo correr las manecillas, alejándose una de la otra, como yo persiguiéndola a ella en mi pensamiento.
La pantalla frente a mi comenzó a lastimarme los ojos con su hoja de Word en blanco, vacía. Se había desvanecido todo a mi alrededor. Solo nuevamente, en mi casa, viendo una historia marchita, intentando adivinar que escribir.
*¿Y cuándo omitirás las apariencias y la invitarás a salir?* fue lo único que logré golpear sobre el teclado.
*Cuando esté seguro que saldría conmigo* vociferé a la pantalla mientras la cerraba de un golpe. Alejándome de ahí rumbo al refrigerador, a buscar una cerveza. Si no la iba a poder olvidar, al menos bebería por ella.
Posted: Oktober 12th, 2011 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
“¿Qué traes contigo?” -- preguntó el niño.
“Chacharas que tira la gente” -- respondió el chacharero.
“¡Woaooo!” -- exclamó con asombro el niño, sus ojos iluminados, abiertos completamente, su cuello de jirafa, aproximándose para intentar ver que traía.
“¿Seguro que quieres ver?” -- preguntó aquél hombre mientras su manos sucias y viejas cerraban aquella abertura que ocultaba el origen de la curiosidad del niño.
“¡Sí! ¡Sí!” -- gritó mientras su sdiminutas manos abrían el costal, experimentando la adrenalina de los tesoros que podría encontrar.
Comenzó a sacar cosa tras cosa. Un corazón roto, botellas de perfume vacías, una bufanda, una falda, unas hojas, un par de libros. Cada una de las cosas cayendo al suelo, esparcidas por doquier, contando la historia de alguien.
El niño en cuclillas comenzó a inspeccionar cada uno de los elementos, haciendo una y otra pregunta, una tras otra.
“¿Qué es esto?” -- preguntaba afanoso, mientras señalaba unas botellas.
“Estas son botellas de alcohol, el perfume de los heridos. Y éstas son botellas de perfume, el alcohol con el que embriagan las mujeres”.
“¿Tú te has embriagado?” -- preguntó el niño asombrado.
“Hace mucho, con un perfume único, especial, de nadie más. Hasta que la escencia murio y tuve que secar mis lágrimas en páginas de poemas”.
“Pues terminé herido y ebrio, sin corazón”.
“¿Es éste?” -- mientras señalaba una piedra roja.
“No, ese perteneció a una mujer, que de tanto amor, el corazón se le secó”.
“¿Y se murió?”
“Hahaha no, vivió hasta mucho después, pero no había ya fragancias para ella, ni forma de que el pecho no le pesara, lentamente se fue desvaneciendo, hasta desaparecer. Y al final, él vendió la piedra como una baratija. Decía que al menos algo iba a sacar de ella”.
“No entiendo, ¿mi mamá tiene corazón de piedra por querer a mi papá?”
“No hehe, ella lo quiere y él a ella, tú eres el ejemplo” -- respondió mientras pasaba su mano por los cabellos del niño.
“Mira, estos son poemas, y estos unos cuentos. ¿Quiéres?, te los regalo”.
El niño asombrado se puso de pie de un salto.
“¿En serio?”
“Sí”
El niño tomó entre sus manos mientras revisaba con detenimiento aquellas ganancias. Hojeó los cuentos sin entender. “La venus en pieles” decía uno, “Justine” el otro. Aún no sabía leer bien, así que solo observó las palabras.
“¡Gracias!” -respondió el niño emocionado, mientras el viejo volvía a guardar todo lo del suelo.
“Solo cuídalas, cuando seas grande y huelas a alcohol, los poemas secarán tus lágrimas y los cuentos te darán calor”.
“El niño sin entender eso último apretó contra su pecho el regalo, mientras acentía con la cabeza.
Los pasos del viejo alejándolo lentamente, hasta desaparecer con sus historias en un costal.
Donde cada quien es su propia baratija.
Posted: Mai 27th, 2011 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
Lunes 12 de enero
¡Diario! Estoy muy emocionado por fin después de tantas vacaciones volví a la escuela, mis profesores aunque son los mismos de siempre les sentó bien el año nuevo, están más animados, tienen nuevas ideas. Mis materias y horarios están super bien, ya no ando brincando horarios sin sentido, ahora los tengo mas ordenados sin horas muertas, estoy super contento.
Mis compañeros están todos de vuelta. Mis amigos y yo ya quedamos en vernos el viernes para tomar unas cheves y presumir nuestros nuevos juguetitos navideños hehehehe. Esta vez me habré portado mal que no me trajo nada santa hehehe.
Miércoles 14 de enero
Te cuento, estaba chateando y acabo de conocer a una niña super simpática. Nos llevamos muy bien. Vive cerca de donde yo vivo, es más chiquita que yo, pero aún así es super divertida. Nos pasamos horas platicando, está estudiando la prepa. Tenemos mucho en común. La conocí en un foro, uno de esos para niños, no se que hacia ella ahí, pero hemos platicado desde el principio. No sé luego como se conocen las personas.
Lunes 19 de enero
No había venido a escribir porque el sábado me puse a platicar con ella en la noche. Tiene unas fotos muy sexys y te cuento que pasó. Estábamos platicando de cómo le había ido en la escuela, en su fin, que si había salido y de repente puso una foto que salía únicamente en bra! Se veía tan bien que le dije
Yo: “Ey te ves muy bien en esa foto, muy sexy”.
Ella: “¿En serio te gusta?”.
Yo: “Sí, sales muy bien, además que estas muy bonita, y con esa foto te ves muy sexy”.
Ella: “Haha ya bueno, dime ¿Qué haces?”
Yo: “Nada, estoy platicando contigo, aquí recostado en mi cama y ¿tú?”
Ella: “Nada tampoco, estoy aburrida. No hice nada el fin, me quedé a hacer tareas pero ya termine y estoy aburrida… Quítame el aburrimiento ¿No? xD”
Yo: “Hehehe ¿Cómo? ¿Quieres que te invite a algún lado?”
Ella: “A lo mejor después, ¿Qué te parece si mejor te quitas la ropa?”
Yo: “hehehe ¿Perdón? ¿Cómo crees?”
Ella: “Ándale… y te pongo otra foto”
Después de unos momentos de pensarlo y ver la foto que puso accedí.
Yo: “Ya”
Ella: “Bien, ¿te gusta mi foto? Me la acabo de tomar, bueno, me quité lo que ves. ¿Me imaginas?”
Yo: “Si”
Ella: “Y ¿Te gusta?”
Yo: “Si”
Ella: “¿Te excito?”
Yo: “Si”
Ella: “Mmm que te parece si bajas tu mano y comienzas a tocarte, suavemente, mientras ves mi foto, ¿Te gustaría tenerme ahí?”
Yo: “Si, se siente muy bien, tu mano se debe sentir mejor”
Ella: “Eso ni lo dudes hehehe, pero quiero que me hagas caso en lo que te diga, sino me desconecto y así te quedas”
Yo: “Esta bien”
Ella: “Mastúrbate, cada vez poco más rápido, piensa cuanto me deseas, piensa en mi nombre, repítelo en tu cabeza, mientras te acaricias piensa que es mi mano. Imagina cuanto deseas que esté ahí contigo. ¿Te gusta?”
Yo: “Si”
Ella: “¿Quieres que pare?”
Yo: “No… por favor”
Ella: “Dime que me deseas, dime que me quieres ahí, mueve tu mano más rápido, más…”
Yo: “Te deseo… Te quiero aquí… Quiero estar dentro de ti… Quiero tocarte… Quiero terminar… Te deseo”
Ella: “Pues para… Deja tu mano quita… No sigas”
En ese momento no pensaba en nada mas que terminar, se sentía tan bien, nunca había sentido algo así…
Yo: “No puedo… voy a…”
Ella: “Para… Te dije… O te irá mal…”
No leí más… Simplemente me toque con más fuerza y terminé… Sentí el escalofrío recorrer mi espalda, mi cuerpo tenso, mi mano como muerta, dejando salir todo, sin moverme…
Yo: “Lo siento… No pude… Termine…”
No se había detenido a tiempo, había llegado al momento del final y no pude detenerme.
Rápidamente se desconecto sin decir nada.
Jueves 22 de enero
Desde el lunes no se conecta. Creo que se enojo. No fue mi culpa, se sentía tan bien, simplemente recordarla me prende otra vez. Ayer me costo dormir, no puedo dejar de pensar en ella. La mano me tiembla de escribir
Sábado 24 de enero
Ya paso una semana y sigue sin aparecer ni siquiera puedo tocarme sin pensar en ella, pienso en ella y me siento mal. Creo que la traicioné. Le mandé un mail de disculpas. No me ha respondido, ¿No estará? O ¿Me bloqueó? Yo creo que salió a algún lado, pero si tiene clases. Mientras más pienso en ella más loco me pone.
Domingo 25 de enero
No me ha respondido, le volví a mandar otro mail rogándole que me perdonara, que prometía de ahora en adelante portarme bien, hacerle caso, pero no responde… Estoy desesperado…
Lunes 26 de enero
¡Por fin se conecto! Me dijo que se había enojado un poquito pero es que había salido de viaje. Le dije que nos viéramos como en recompensa por haber sido así. Ella aceptó, nos veremos jueves. Me dijo que quería ir al cine porque había una película que quería ver, la verdad me da flojera, pero quiero que me perdone. Además que no la conozco, ¿Será tan bonita en persona como en fotos? ¿Cómo irá vestida? Hace frío, así que no creo que nada muy provocante. No puedo esperar…
Miércoles 28 de enero
No puedo esperar, mañana la voy a ver. No se que ponerme, ¿Jeans? ¿Pantalón de vestir? ¿Una playera? ¿Camisa?
Jueves 29 de enero
Hoy es el gran día, faltan 2 horas, ya me alisté, decidí ponerme la camisa y un pantalón de vestir.
Viernes 30 de enero 15:00
Diario… no se ni como paso… tengo miedo… Llegue a la plaza comercial, no la conocia, mundo e se llama. Despues de buscarla unos momentos fui por unos dulces, cuando venia de vuelta me la encontre en el camino. Venia con una amiga, lo cual me tranquilizo, iba a ser una salida tranquila.
Estuvimos platicando, inercambiando comentarios sobre las expectativas, te dire que es mucho mas bonita en persona, llevaba un abrigo, asi que no sabia como iba vestida.
Ibamos a entrar a la sala cuando decidimos comprar un refresco, los dulces me habian dado sed. Ya fuimos a la dulceria y se notaba que el vendedor se le quedaba viendo a la amiga. Despues de vendernos el refresco le saco el telefono y le dijo que salia a las cuatro.
Despues de burlarnos de ella entramos a la sala, nos sentamos en un rincon, pensando en que si platicabamos no molestaramos, pero en mi inocencia no previ que ella tramara algo mas. Al principio fue muy tranquilo todo. Ella se sento primero al fondo con el refresco, luego yo y luego su amiga.
La pelicula empezo, los anuncios habituales del cine que aburren, y ella recargo su cabeza en mi hombro y abrazo mi brazo. Sin saber que hacer tome el refresco y comence a beber. Sabia dulcecito y mientras pasaban los cortos no me di cuenta y me lo termine.
De pronto comence a sentirme extraño, incomodo. Sus roces leves con mi cuerpo me prendian mas de lo normal, de pronto ella volteo a verme y puso su mano en mi pierna. Me estremeci por un momento. “Te pasa algo?” pregunto mientras subia su mano a mi entrepierna. “Creo que ya surtio efecto” decia a su amiga mientras escuchaba unos broches abrirse. Voltee a ver a su amiga y pregunte “Efecto que?”, solo se limito a responder “Tschhh”. Iba a tomarla por las manos cuando las senti pegadas a los descansabrazos de la butaca. Lso broches que habia escuchado eran unas correas. La amiga se levanto y dijo “Voy a ver a mi dulcero, se divierten” se levanto y se fue.
Ella: “Ya los dos solos por fin”
Yo: “Que surtio efecto?”
Ella: “El viagra que eche a tu refresco”
Yo: “Para? Aun funciono hehehe”
Ella: “Hehehe yo se, pero asi tienes erecciones mas facil. Es mi venganza por la otra vez”
Yo: “Pero…”
Ella: “Tschh… Estamos en un cine, en un cine no se habla. Ahora mira… Que te parece si quitamos este pantaloncito… Que estorba no? Pero antes…”
Lentamente se quito el abrigo que traia, unicamente traia unos chorts a la cintura super entallados y un strapless blanco. Mi calentura aumentaba mas de solo verla. Sentandose sobre mi tomo sus manos y entrelazo sus dedos en mi nuca. Comenzo a moverse lentamente hacia arriba y abajo.
Ella: “Por lo visto te gusta ya estas empezando a jadear”
Yo: “Si”
Presionando su cuerpo contra mi.
Ella: “Mmm que bien se siente verdad?”
Yo: “Si”
Ella: “Te imaginas si no hubiera ropa… Si no estuvieramos en el cine? Te imaginas dentro de mi? Sintiendo mi cuerpo desnudo sobre ti, acariciandote, abrazandote?”
Yo: “Ahhh…”
Ella: “Ah! Te gusta imaginarlo verdad? Como se sentiria que tuvieras mi cintura entre tus manos, tus labios con los mios y de pronto… Termines… Dejar salir toda tu calentura por mi…”
Yo: “Ahhh…”
Ella: “Pero no aun…”
Con un ultimo movimiento de arriba hacia abajo, encajando sus uñas en mi cuello apreto su cadera contra mi entre pierna, estaba a punto de explotar, pero rapidamente se levanto, dejandome ahí sentado, prendido, atado, sin terminar… Despues de unos momentos puso su mano sobre mi pierna de nuevo…
Yo: “Para por favor”
Ella: “No… asi me gusta… Te dije que no terminaras o te iba a ir mal… Bueno ahora paga…”
Su mano subia mas a la entrepierna…
Yo: “Ahhh… Pero… Ahhh… Para por favor”
Ella: “Ruegame, me gusta”
Sin detenerse abrio el cierre primero, introduciendo un par de dedos, solo para jugar con sus uñas, acariciando sobre la ropa interior.
Ella: “Mira si funciona en verdad”
Mientras sentia mi ropa interior semi-humeda.
Ella: “Por lo visto ya soltaste liquidito (liquido lubricante)… Quiere decir que si te he prendido mucho… Eso me gusta… A ver cuanto aguantas…”
Desabrochando lentamente el boton metio su mano entera. Las sensaciones eran extremas. Jalando la ropa interior me dejo al descubierto…
Ella: “Mira nada mas con que nos divertiremos hoy”
Besando mi boca su mano comenzo a masturbarme, cambiando de velocidad. A veces rapido mientras mordia mis labios, a veces lento mientras jugaba con mi lengua.
Ella: “Probemos a ver que tal”
Como la sala estaba semi-vacia no temio ni un momento en inclinarse sobre mi regazo. Su boca humeda se sentia en el contrste con el calor de mi cuerpo. Su lengua comenzo a moverse, tentando, saboreando. El vacio que hacia su boca me volvia loco, su lengua era una maestra en el calentamiento. No podia mas… mi cuerpo se tenso… tome fuertemente los brazos del sillon… cuando ella se alejo… dandome un golpecito con los dedos…
Ella: “No te dije que ya podias acabar”
Aguardo unos instantes cuando miro su reloj…
Ella: “Mira que barbaridad… le quedan 20 minutos a la pelicula… Sera que te desabroche para que te calmes”
Yo: “Pero…”
Ella: “No te preocupes… tu sabes como masturbarte no? Puedes terminar solito, ya lo hiciste una vez no?”
Yo: “Pero…”
Ella: “Mmm quieres que lo haga yo no es cierto?”
Yo: “Si”
Su mano volvía a bajar a mi pierna mientras acercaba sus pechos a que rozaran mi brazo, sus labios en mis oidos, sus dientes mordisqueando mi oreja mientras su mano seguia avanzando…
Ella: “Y que me daras a cambio…”
Su mano sin piedad siguió avanzando mientras comenzaba a tocarme de nuevo, su mano jugando… No podia aguantar mas yo…
Yo: “Lo que quieras… lo que quieras…”
Ella: “Me parece bien… Es lo justo…”
Subiendo uno de los brazos del sillon presioandolo contra el mio aun atado se sento sobre una de mis piernas. Su cabeza al lado de la mia, su brazo izquierdo presionando el del sillon contra el mio, sus shorts ajustados rozaban mi muslo, su boca en mi oido, la mia en el suyo.
Ella: “Sabes… Todo este jugueteo me prendio tambien… Y tu pierna…”
Se movia lentamente osbre mi pierna, acariciando su entrepierna, cada vez mas rapido se movia. Su mano comenzaba a moverse…
Ella: “Tu pierna… me gusta… se siente bien… Y a tit e gusta?”
Yo: “Si… mucho…”
Ella: “Dime que me deseas…”
Yo: “Te deseo…”
Ella: “Dime que te gusta…”
Yo: “Ah… Me gusta… te deseo…”
Ella: “Ay creo… que voy a terminar…”
Yo: “Yo tambien, por favor, dejame terminar”
Ella: “No te escucho… que quieres?”
Yo: “Quiero terminar, por favor”
Ella: “Y que me ibas a dar a cambio?”
Cada vez se movia mas rapido, estaba llegando al final, su mano se movia al mismo ritmo
Yo: “Ahhh… por favor… lo que quieras…”
Su mano se movia mas rapido, no podia resistir… Como un mantra…
Ella: “Vas a ser mi esclavo”
…ella lanzo un suspiro en mi oido, su mano recargada sobre mi pecho me encajaba sus uñas… Sin detenerse un momento su mano… termine… los suspiros se mezclaron… los cuerpos tensos, ella sobre el mio, sintieron recorrer aquella sensacio que sello nuestro pacto…
Se levanto y beso mi boca, desabrocho mis manos y tomo su abrigo
Ella: “Te espero afuera. Por cierto el refresco no traia nada.”
Y tomando el bote de refresco salio.
Desde entonces diario soy su esclavo… Terminando cuando me lo permita, obedeciendo lo que me diga…
Posted: Mai 27th, 2011 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
Nota: La verdad no recuerdo de que va la historia. No recuerdo por qué la escribí. Creo que fue basada en un compañero (historia no verídica, solo lo tomé como personaje). De sucesos que no sucedieron. De una vida que no llevé. Espero haber editado lo necesario para evitar problemas. Sino. Háganmelo saber hehehe. De hecho tampoco recuerdo por que lo escribí en capítulos =S
La clase que duró un día
Capitulo 1
La mañana había empezado como casi todos los días. Eran las 7:10 y los alumnos llegaban apresurados a la escuela. Las clases ya habían comenzado y yo todavía me veía bajando las escaleras para llegar al laboratorio de química. Tenia este extraño presentimiento de que no me iban a dejar entrar. Sin embargo me arme de valor y aun tratando de recobrar el aliento debido a mi esfuerzo por apurarme, toque la puerta del laboratorio y ya con la vista de todo el salón encima de mí, pregunte si podía pasar. Tras un gesto de disgusto el maestro accedió. No acababa de sentarme cuando un compañero volteándose a mí me corrió el chisme de que por motivos aun desconocidos, no iba a haber clase de física. La noticia me sorprendió. El profesor de física era una persona dedicada y muy estricta, incluso consigo mismo. Tanta exigencia hacia que grandes sospechas nacieran en mi cabeza cuestionando si, debido a las explicaciones ya dadas, el maestro fuera un retraído y agresivo o tan solo eran mis tontas suposiciones. Acabose la clase y empaque mis cosas dirigiéndome al laboratorio de física donde para mi sorpresa ya se encontraba el profesor. Con gran desilusión entre y desempaque mis cosas esperando el inicio de la clase. El maestro tenia un aspecto lamentable. Tenia el pelo todo desalineado y estaba sin afeitar. Entraron mis compañeros y con la misma desilusión que yo, tomaron su lugar para empezar la clase El maestro cerro la puerta del salón con llave y se dirigió a su escritorio. Ya los alumnos estaban cuestionando de dichas acciones tan inusual, cuando el profesor sacó de debajo de su escritorio una caja larga. Preparó sus cosas y empezó a dar clase como si nada. Ya habían transcurrido 15 minutos de clase cuando el director toco la puerta y con un tono de voz agresivo exigió al maestro que abriese. Este, encolerizado por la interrupción, dirigiose a la caja y sacando un instrumento, que nadie tuvo suficiente tiempo para distinguir, se coloco frente a la puerta. Un ensordecedor sonido llenó la clase. Un agujero había quedado en la puerta y detrás del orificio se podía admirar una mancha roja en la pared. Tras esta acción el maestro quito el cerrojo y allí yacía el director y apuntando con el objeto a la cabeza de este, baño el pasillo con una ola roja. El pánico se había apoderado de la clase. Tal aire de confusión y horror llevo a reaccionar al maestro rápido y tomando a una de las alumnas, dominada por el pánico, por el cuello, apuntase el cañón del arma a la pierna de la chica y sin una seña de remordimiento jalo el gatillo segmentado la pierna de la joven en dos. De esta manera logrando recobrar la atención del tan horrorizado salón, amenazo con seguir privando a la chica de cada una de sus extremidades si el salón no se comportaba y obedecía las ordenes que él daba. La chica delirante, aun bajo el brazo del maestro disponía a desmayarse ya fuera por el dolor o por el horror de ver la mitad de su pierna en el suelo sobre un charco rojo. Una vez habiendo dominado el terror del salón, tiro el profesor a la chica a un lado del ensangrentado e irreconocible cuerpo del director y cerrose la puerta nuevamente con llave, llenando el aire con un aroma o miedo y angustia. Dirijose el maestro a su lugar y tomo asiento aun con el arma entre sus brazos, como tratando de conseguir un sentimiento de seguridad al tener el poderoso cañón consigo. Aun puedo recordar el horrible ambiente. Cada alumno manifestaba su desesperación a su manera. Algunos apretaban las manos y cerraban los ojos como intentando imaginar que todo era una horrible pesadilla. Tal vez una conectada con el lado más obscuro de su imaginación. Pero el destino había manipulado las cosas para pintar una sangriento paisaje sobre el lienzo del tan incierto futuro de los chicos. Ya había empezado a sonar el teléfono del laboratorio. Sin embargo el maestro se encontraba paralizado, con la cara tensa por la desesperación, aun tratando de calmarse…
Capitulo 2
Todos seguían sentados en sus lugares. ¿Qué hacer? Después de un momento una chica, ya habiendo perdido la sensatez y el control sobre mi misma, levantose de su lugar, y corriendo, tratose de alcanzar la perilla de la puerta a lo que el maestro reaccionó con mayor velocidad y usando la culata del arma como una basta, empezose a golpear a la tan frustrada muchacha de una forma brutal. Podía verse la evitación del profesor, evitación provocada por el gusto de su enferma mente por ver sangrar y sufrir a la pobre criatura. Aun no puedo quitarme los gritos de mi compañera de la cabeza. Tan intrigantes, tan llenos de angustia viendo que golpe a golpe se le iba la escapando la vida de entre las manos y nada podía hacer para evitarlo. Golpe a golpe se abrían mas las yagas en su piel. Se podía escuchar, ver impacto tras impacto que los huesos se rompían y la piel se abría derramando la sangre de la chica. El maestro no lograba mas que motivarse mas al ver el lamentable estado en el que estaba dejando a mi compañera. Tras unos minutos de estar golpeando ese ya destrozado, deforme y ensangrentado cuerpo, el maestro paró, al igual que los gritos de los que yo podía deducir era mi ya difunta compañera. El maestro parecía haber saciado su sed. Limpiose la sangre de sus manos y cara con un pañuelo negro. Color bastante impaciente dadas las circunstancias. Guardo el pañuelo nuevamente en su bolsa y regresose a su asiento al frente del salón. El terror, más horrible posible de soportar se había desatado, el terror psicológico. Ya el sufrimiento era mental. El único rincón en el que pudimos habernos escondido era en nuestras mentes. Pero ahora nuestros miedos habían ocupado nuestro refugio. Nuestro peor enemigo ya no era el enfermo maestro sino nuestra propia imaginación que amenazaba con comernos por dentro al menos que el pánico no se apoderaba de nuestras cabezas…
Capitulo 3
Ya había comenzado lo peor. Aun limpiaba su rostro y sus manos el maestro cuando alguien empezó a tocar la puerta del aula. Rápidamente tomose el arma y corriose a la puerta gritando “¡No me interrumpan, estoy dando clase!”.
En respuesta la gente detrás de la puerta, los cuales asumo eran negociadores policíacos, gritaron: “Profesor, ya han pasado mas de 45 minutos y la clase ya debería de haber terminado, ¿Por qué siguen adentro sus alumnos?”. Ya todos comprendimos el esquema que la policía trataba de seguir de manera en que pudieron liberar a los rehenes. Nuevamente uno de los negociadores tomo la palabra: “Sr., su siguiente grupo debe de entrar a clase, pero ellos no pueden hacerlo si usted esta allí encerrado con su otra clase, ¿Por qué no deja ir a los chicos y abre la puerta para que pueda pasar su siguiente clase?”. Parecía que una pequeña luz de esperanza había iluminando el rostro de todos nosotros. Sin embargo el maestro se aferraba al rifle y caminaba de un lado a otro como un león encerrado mientras trataba de encontrar una respuesta a las preguntas de los negociadores. Tras un momento y a gritos inseguros respondió el profesor: “¡Lárguense!¿A mi no me engañan? ¡La clase no a terminado ya que el grupo aun no entiende el problema! ¡No pueden salir hasta que todo haya sido entendido!” Corrió y tomo a uno de mis amigos por el cuello y apuntando a su cabeza lo levanto y lo paro frente a la puerta y entonces grito “¡¿Creen que este chico comprende?! ¡Que el se los diga y les explique todo si es que de verdad a puesto atención!”.
Volteo al alumno haciéndolo ver hacia la puerta y aun apuntándole al cráneo le pregunto: “¡¿Comprendes el tema imbécil?!”, a lo que el muchacho respondió asustado e inseguro “Sí”. El maestro sorprendido dijo con gritos rabiosos “¡Explícamelo!”. El chico se mantuvo callado con lagrimas en los ojos a lo que el maestro en respuesta jalo el gatillo volando los sesos de mi compañero por todas partes. Al momento los espantados negociadores gritaron “¿Maestro? ¡¿Qué ha hecho?!” El maestro regresó a su lugar se sentó y mirando a la mesa susurro; : “Lo he castigado…”
Capitulo 4
Los negociadores seguían sin obtener respuesta. Tras muy persistentes intentos por recobrar el dialogo escucharon al maestro gritar “¡Una mas de sus interrupciones y los chicos y ustedes han de lamentar el castigo que a mis alumnos espera por interferir con mi clase! ¿Lárguense y no vuelvan o he de seguir manchando las paredes del salón con la sangre de estos estúpidos!! La clase no había de acabar hasta que todos hubiésemos entendido el team que el maestro nos exponía pero del cual yo ya sabia el titulo; “La Muerte”.
Tras muchos intentos por comprender la mente tan enferma de mi profesor, me empecé a negar en creer en mis conclusiones las cuales pintaban que el resultado a la ecuación de mi tan retraído maestro, era la tumba al cuadrado.
Las cosas no iban bien. Yo ya había descifrado casi todo excepto por una cosa, el orden en el que íbamos a morir. El profesor todavía se encontraba sentado al frente del salón, sin decir una palabra, sin realizar un movimiento y aparentemente sin pensar. Hubo una hora de silencio. Un momento de paz del que sabíamos unos momentos de terror seguirían. Tan solo estábamos allí sentados esperando que lo peor pasara de una vez por todas. Muchos mirando al suelo dejaban que su imaginación les jugara las peores tretas. Podía verse como algunos podían sentir el arma apuntando a su corazón unos instantes antes de que el gatillo fuese jalado.
De repente la cara del maestro enseñó una sonrisa cínica. Levantándose de su lugar y cargó el arma con unos cartuchos que traía en la bolsa de su chamarra. Y, tras haber dejado el arma lista para privar a alguien más de su visa, tomose la guillotina que hay en el salón para partir papel, y desamándola, quedose el maestro armado con la escopeta en una mano y la cuchilla en la otra. Seguro de lo que iba a hacer se dirigió al alumno más cercano a su lugar…
Capitulo 5
Aproximose el maestro al alumno más cercano. Un pobre chico que se encontraba en la primera fila del salo. Una vez a la distancia debida, el profesor tajó la cara del muchacho como si este fuera una sandía. El muchacho cayo en su lugar muerto mientras que el asesino centraba su amenazadora mirada sobre su próxima victima. Entre un mar de lagrimas, gritos y angustia, recorriose el maestro el salón encontrando a otro espantado alumno y así, el chico se le abalanzó encima al maestro tratando de probar suerte por saber su vida. Durante el forcejeo se escucho un disparo y para el momento en el que parecía que mi amigo yacía en el suelo con las entrañas desparramadas por todos lados. El ahora encolerizado profesor se levanto con un rápido movimiento y comenzó a disparar a cualquier cosa que se movía. En respuesta a esto me escondí debajo de mi mesa admirando la sangrienta perspectiva que desde allí tenia. El maestro iba matando a mis frustrado compañeros conforme estos corrían a la puerta tratando de salir del aula. Ya fuese de un disparo, que destrozase por completo a los chicos, o por un tajo, que los cortase de forma mortal, mis colegas iban uno por uno como moscas. Sin pensarlo mas agarre una hoja de papel que había en el suelo y empecé a escribirle una carta a mis padres.
“Seguramente ya saben lo que paso, pero esta carta no se las escribo para explicarles porque las cosas sucedieron así, sino para despedirme. Sé que ustedes le preguntaran a Dios porque me ha puesto en esta circunstancia teniendo yo una larga vida por delante. Tal vez estaba destinado que mi “larga” vida fuese corta. Tal vez fue nada mas una mera coincidencia con un triste final. Ya no hablemos de eso. Hubo muchas cosas que hubiese querido hacer. Muchas cosas que hubiese querido decir. Y lo que me da lastima es que al final, pensando que tenia muchos amaneceres por delante tras los que podía actuar, no hice nada ni dije nada. Perdóname.
Hoy es mi partida y me marcho lleno de ilusiones y esperanzas de cosas que no hice. Tan solo espero que haya una segunda oportunidad en esta u otra vida, en la que pueda pagarles por todo lo que hicieron por mí. Ya no me queda mucho tiempo así que me despido agradeciéndoles, por todo lo que hicieron por mi felicidad.
Los amo… “
Doble la hoja y la escondí debajo de la pata de una mesa con la esperanza de que algún día sea descubierta y entregada a mis padres. Para ese entonces ya no se escuchaba nada mas que los pasos del profesor en busca de alguien vivo. Me arme de valor y salí de debajo de la mesa esperando que el mundo tan solo se apagara tras su primer disparo.
Se me acerco caminando lento. Mirándome encolerizado, siguió aproximándoseme aun con las dos armas ensangrentadas en las manos, Levanto la cuchilla y ya que estaba a punto de acabar con mi desgracia, otro compañero salió de debajo de una de las mesas y corrió a la puerta del salón. El maestro giro lentamente y levantando el brazo apunto al chico. Con gran naturalidad disparo, dejándole un agujero en la espalda Volviose a mí y, allí nos encontrábamos, cara a cara, el cazador y la presa, mirándose a los ojos esperando ver la reacción de cada uno. Era como si la naturaleza hubiera acomodado ambos elementos sin asignarle su trabajo a cada uno. ¿Quién debía correr y quien debía atacar? …
Capitulo 6
“¿Qué voy a hacer contigo?”, me pregunto. Yo respondí: “¿Qué opciones hay?” Bajo la cabeza pensando y al volver la mirada hacia mí, dijo: “La opción uno es la cuchilla, la opción dos es la escopeta y la opción tres es… que me expliques lo que la clase enseñó el día de hoy”. “Maestro, el tema me resulta incierto más el castigo resulta ser muy claro” respondí, mientras trataba de convencerme de lo que iba a decir al respecto. Mis manos estaban temblando. Apenas podía mirar a los ojos al maestro. Sentía como de hacerlo, él fuese a comerme tan solo con los ojos. Armándome de valor dije: “El tema de hoy fue…”
Capitulo 7
“Profesor, yo no he de decir mas que lo que aprendí. Hubo muchas cosas que me quedaron muy claras hoy. Me he dado cuenta que la vida puede cambiarnos todo en un segundo. Puede quitarnos a nuestros amigos y privarnos de volver a ver a nuestros familiares en un abrir y cerrar de ojos. ¡También he concluido que la vida es una mierda! Me he levantado durante 13 años de mi vida siguiendo la misma monotonía de rutina, tan solo preparándome para vivir pero resulta que no voy a llegar a tanto. Me he pasado todo mi preciado tiempo, o al menos gran parte de él, empapándome con conocimientos que nunca utilizare ya que sé que hoy no voy a pasar. Y al estar frente a usted diciendo todo esto nada mas intento ganar unos minutos mas de vida con el fin de que en ese lapso de tiempo pueda valorar mis últimos respiros y tratar de recordar todo momento hermoso que pueda llevarme al cielo, si es que tal cosa existe. También aprendí que el sufrimiento de uno puede ser la semilla que eche a perder la cosecha de otros. Entonces tan solo concluyo que: ¡La vida apesta!”.
El maestro empezó a reír. Yo no sabia como actuar, mis ojos estaban llenos de lagrimas pero yo no pensaba llorar por mi vida. El maestro cambio repentinamente su risa cínica y fuerte en un llanto profundo y cortado. Se dio la vuelta y lentamente se dirigió a su escritorio de donde saco un fólder con fotos y con voz fuerte me dijo: ¡¿Tu que sabes de sufrir?!, ¿¡Tu que sabes de la soledad!?”.
Me sentí muy extraño después de haber escuchado esas palabras ya que por un momento sentí una gran lastima por aquel profesor que yacía sentado en su escritorio seguro de que estaba en su escritorio seguro de que estaba solo en el mundo. Repentinamente volvió a hablar: “Pase toda mi vida tratando de alcanzar mis metas esperando que un día pudiera compartir mis logros con alguien. Pase años tratando de compartir esos logros con jóvenes como tu, tratando de enseñarles cosas mas allá de los aspectos científicos. Y, un día, alguien inventa que yo he abusado de una alumna con la intención de joderme y para antes de que pueda darme cuenta, pierdo mi trabajo, la confianza de mis alumnos, y a mi esposa. ¡Todo por un chisme inventado porque alguien que pensó que iba a ser una buena broma!. ¿Te parece justo?! Me quitaron todo por lo que luche en mi vida. Y, lo peor es que me lo quito la gente en la que yo mas confiaba; mis alumnos. Mi familia siempre me trato como mierda. Mi padre era un ebrio y mi madre una puta. No recibí nada de ellos que no fuera golpes e insultos. Todo lo que logre, lo logre solo, son el apoyo de nadie. Es por eso quería enseñarles todo lo que pudiera, para que nunca tuvieran que pasar por situaciones difíciles sin estar preparados. ¡Les ofrecí mi confianza y ustedes me escupieron en la cara!.
Es por eso que he liberado al mundo de ser victima de ustedes, ya que no pienso dejar a ningún maldito traicionero alumno con vida. No mientras yo viva… “.
Capitulo 8
El maestro cerro el fólder de un golpe y lo guardo en su portafolio con gentileza. Después de haber hecho esto, se quito las lagrimas de las mejillas con la mano y se puso nuevamente de pie con la vista clavada sobre el escritorio donde yacían la escopeta, unos cartuchos, la cuchilla y su portafolio lleno de sus preciados recuerdo. Yo no sabia si sentir miedo o lastima por el profesor. Me estaba preguntando a mí mismo si yo hubiese podido concebir una traición tan inesperada en el lugar del maestro. Comprendía perfectamente que el profesor estaba sufriendo pero no me podía imaginar cuanto. De pronto, mis pensamientos se vieron interrumpidos al ver que el maestro volvía a empuñar la cuchilla en una mano y la escopeta en la otra. Se volvió hacia mí y me dijo: “Es hora de partir…”. Tras decir esto me pidió que me acercara a su escritorio. Tembloroso y a pasos cortos, hice como él me había pedido. Ya una vez frente a la mesa, con la vista fijada en el verde pizarron, me prepare esperando que lo peor ya pasara. Pero en ese instante el maestro, el cual se encontraba parado detrás de mí, levantó la escopeta y apunto a mi cabeza. Aun con el cañón pegado a mi cráneo, él dijo: “Lleva este portafolio a mi esposa y pídele que me perdone por lo que he hecho pero no me queda otra opción”. Saco unas llaves de su bolsillo y bajo la escopeta. Tras este acto volvió a dirigírseme: “Vete ahora y haz lo que te pedí. Lamento haberte metido en todo esto pero el odio me ha cegado. ¡Así que márchate ya! ¡Quiero estar solo ahora!” Tome las llaves y el portafolio y, tras quitar el seguro de la puerta, salí del salón viendo nada mas de reojo como el maestro apuntaba la escopeta debajo de su barbilla. Una vez saliendo del salón, mientras caminaba por el pasillo, escuche un disparo. Seguí caminando por el pasillo hasta la salida llevando conmigo terribles recuerdos y lamentables noticias. Llegue a la salida y un policía corrió hacia mi con su pistola desenfundada, creyendo que el maestro podía seguir con vida. Me cargo y me llevo a la ambulancia para que se me administrara un calmante ya que mi cuerpo esta tenso y duro como una piedra por todas las emociones que aun corrían por mis venas. Ya adormecido vi que la esposa del profesor se me acercaba. Yo aun abrazaba el portafolio con fuerza. Una vez que la señora se encontraba a lado de la camilla en la que yo estaba recostado, le di el portafolio junto con el mensaje que se me había pedido que le dijera. Antes de caer en un profundo sueño, vi como la pobre esposa rompía en llanto abrazando el portafolio con fuerza tratando de tenerlo muy cerca de su corazo.
Capitulo 9
Desperté a la siguiente mañana en mi cuarto. Mi cerebro seguía siento bombardeado por los sangrientos recuerdo del día anterior. Todavía me sentía mareado por los calmantes. Mas tarde, tras una platica con mi familia, me entere que la chica que había acusado de abuso sexual al profesor seguía viva ya que por mera casualidad, ella y las malditas de sus mentirosas amigas, se habían escapado de la escuela para ir de parranda. Mi cabeza estaba a punto de explotar. No dejaban de llamar periodistas e investigadores para escuchar mi historia. No respondí ninguna de estas llamadas. Lo ultimo que quería era recordar lo que había pasado. A pesar de lo que había pasado opte por ir a la escuela al siguiente día. Pase una noche inquieta pero aún no lograba recordar que era lo que me mortificaba.. A la mañana siguiente me levante como si nada. Me vestí y siguiendo una rutina algo inusual a lo que yo solía hacer, empaque mis cosas así como la pistola de mi padre en mi mochila. Había tomado la pistola la noche anterior ya que me sentía mas seguro trayéndola conmigo a pesar de que mis padres no sabían que la había tomado. La quería conmigo ya que sentía miedo a que el pasado ocurriera de nuevo, Llegue a la escuela y me dirigí a mi nuevo salón con algo de inseguridad. Mi sorpresa vino al saber que yo no había sido el único al que habían reacomodado de grupo. La chica acusadora también había sido asignada a un nuevo salón,, el mismo que yo…
Capitulo 10
Entre a la clase y nuevamente las miradas de todo el grupo se habían posado sobre mí y sobre la chica. Cada uno tomo sus cosas, paso al aula ya se sentó en su nuevo lugar. La chica se había sentado enfrente de mi escritorio. Todo el día mi atención se desvió de las clases y se centro en toda las “pendejadas” que esta chica inconsiderada e hipócrita, así como ignorante decía. No se habían cumplido mas de dos días del incidente y esta muchacha ya bromeaba y se burlaba del incidente. Sus comentarios, tales como: “Que maestro más enfermo, que bueno que se suicido…”, “Seguro ha de haber sudo un pobre bastardo que le dio por querer ganar fama con sus salvajadas”, “Que bueno que ayer no vine, me la pase mejor en el antro”, estos comentarios me estaban haciendo explotar. A la desgraciada nunca se le había ocurrido que ella y sus falsas acusaciones habían sido las responsables del trauma del profesor. Y sus comentarios no dejaban de dañar mis tímpanos. Ella no dejaba de hablar como si fuera una experta de lo que pasó.
Ya llegando al final de la ultima hora ella dijo “Que bueno que lo corrieron por mi broma”, acto seguido, introduje mi mano en la mochila, saque la pistola y le dispare a la cabeza volándole los sesos y callándola por siempre. Después de esto, ya con el salón en pánico me apunte a la cabeza y jale el gatillo.
Capitulo 11
No sé de donde salieron estas palabras.
No se como se supo esta historia.
Puede que tan solo sea una historia que susurran las paredes de las aulas.
Puede que tan solo sea un alma en pena.
Puede que muchas cosas…
Yo estoy muerto…
Posted: Mai 4th, 2010 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
* Ven, sube* – dijo ella viéndome a los ojos.
*Hoy no te quiero* – dije mientras subía – *está húmedo*.
*Porque te quise ayer* – dijo tomando mis manos entre las suyas.
*Y mañana no te querré* – murmuraron mis dedos a sus oídos.
*¡Para! Haces cosquillas a mi corazón* – decía entre risas – *porque hoy te quiero*.
*¿A dónde iremos?* – dije.
*A donde quieras, ya llegamos* – una sonrisa se dibujaba en sus ojos.
*¿Tan tarde?* – dije con vehemencia.
*Si, la luna me distrajo*.
*¿Y qué hiciste?* – repliqué ante tal querella.
*Apagué el foco*.
*Hiciste bien, yo hubiera hecho lo mismo, dormir. Por eso te quise ayer*.
Continuamos viajando, su corazón comenzaba a secarse por el silencio, ya no estaba húmedo como cuando mañana nos subimos.
*Te quiero, ¿sabes?* – mordí mi labio intentando sangrar mi boca y juntar mi crúor con el de ella.
*No, ¿en serio?* – pensó socarronamente.
*42* – qué más podía decir, sino la verdad. Aunque ella ya la sabía, vivía en ella.
Tomé su mano entre las mías nuevamente, sentía se repetía todo, no quise hacerle cosquillas a su corazón de nuevo, pero quería decirle que mañana no la querría. Cuando se ríe se nubla todo. Es como si sus dientes me cegaran, ¿sería su pasta de dientes o la luna reflejada en sus caries?.
*Con que esto es el amor* – pensó – *¿Tú crees?* – preguntó cuestionando si mí sumisión era atada por sus palabras o mi misión por mis sentimientos.
*Detente* – inferí que decían mis palabras – *aquí y ahora*.
El mundo dejó de dar vueltas, su corazón se detuvo.
*No mueras* – espeté con mis palabras su pensamiento – *no más*.
Descendí de su corazón, me acerqué al suelo y palpé con mi oído la tierra, sintiendo el pasto hacerle cosquillas a las ideas.
*Sí, aquí no es* – dije mientras sacaba una pala de mi bolsa.
*¿El cementerio?* – dijo con hilaridad.
Continué cabando, ignorando sus ideas que impedían la tierra saliera del agujero, pisaban todo lo que tocaba. Por fin logré llegar al fondo del asunto y paró. Saqué aquél anillo redondo que mí madre había guardado para este momento.
*Redondo* – pensé mientras lo retiraba de las manos largas y delgadas de mi madre muerta -- *¿Por qué redondo?* – pregunté a mi madre.
*Pregúntale a la mantarraya* – dijo mientras volvía a cerrar los ojos.
Salí acostado de aquél agujero cuadrado, intentando no perder la pala.
*Aquí está* – le grité, mientras me paraba de cabeza – *Has lo mismo* – le dije, al momento que ella tomaba asiento – *Bien, ahora dime* – mientras mis deditos pisaban el pasto acercándose a ella – *¿Quieres pasar el resto de tus días dentro de tí?*.
“¿Cabrás?” – decía mientras ambos nos subíamos de nuevo en aquél vehículo ahora mojado.
*Creo, deja me estiro*.
*Tendré que preguntarle a la mantarraya* – suspiró entre olvidos.
Viajamos nuevamente, su boca en mi cuello, su cabeza entre mis brazos. Hasta que llegamos a la mantarraya después de días que volaron sin pasar.
*Disculpe, quisiera darle esto a ella, ¿lo aprueba?* – titubearon mis manos hasta que cayeron al suelo, abriéndose como conchas en el mar.
*¡Oh, es redondo!* – dijo con estupefacción.
*¿Eso es un no?* – pregunté dudando de si volaba o flotaba la mantarraya.
*¡Es redondo!* – volvió a decir.
*Ooook, gracias* – dije con resignación mientras me alejaba, olvidando mis manos en el suelo. Al recordar que olvidé recordar, volví.
*¡Es redondo!* – volvió a decir.
Recogiendo mis manos con los pies las puse en su lugar. Mi boca dubitativa se estremecio al sentir los labios de ella.
*Hasta que la muerte los junte y el amor los separe* – dijo mi madre.
*Puede besar a la novia* – dijo la mantarraya.
*Los declaro ama y esclavo* – dijo la luna.
Subimos ambos y nos fuimos, recordando que habíamos olvidado volver. Ahora estabamos perdidos el uno en el otro. Ojalá algún día empezaramos y no siempre terminaramos.
Posted: Mai 21st, 2009 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | 1 Comment »
*Ey, me dijeron que te dicen Barbie Condeshi y quería comprobarlo y veo que es cierto* – escribí por un momento. Recapacitando, como una saeta, cruzó mi pluma la línea entera, llenándose con tinta el vestigio de una mala idea.
*¿Tu eres Monserrat?,
¿La Barbie Condeshi?* – escribí para volver a dudar y tacharlo. ¿Y si lo toma como ofensa?. Mientras mi mano tachaba la hoja por vigésima vez.
La pluma temblo en mi mano, bailaba al son de la música de mis pensamientos. Palabra que se aproximaba, palabra que chocaba con la irreverencia de la duda. Cada palabra venía a tachar el no. Cada no era devuelto a la vida por la incertidumbre y las preguntas.
Las líneas se mancharon de la sangre de mi pensamiento. El azul recorría las hojas incrustándose entre las palabras vacías, invisibles, ajenas a la realidad.
*Compermiso* – me susurró mientras intentaba pasar atrás mío. La magía de los pensamientos se desvaneció, la realidad se volcó sobre mí como un Tsunami, devorando las ideas como las olas devoran las costas. El temblor de mi mano se convirtió en el temblor de la tierra. No conocía esa voz, pero reconocía los ecos que hacían se simbrara el suelo bajo mis pies.
Haciéndome a un lado y con un ademán, dí paso a su figura que hacía mis palabras bailaran ahora al ritmo de sus caderas. La oscuridad del lugar me hizo recordar donde me encontraba. Lentamente el sonido volvía a mis oídos para llamarme a la realidad. El salón estaba como lo había dejado la última vez que fuí conciente de el. Las personas seguían bailando al compás de la música, mientras los vasos chocaban rompiendo el aire con su ténue silbido. Tomé asiento en mi lugar mientras dejaba de soñar. Volteé a mi derecha mientras asentía a todo lo que mi compañero de al lado decía. Palabras que se perdían en el ruido de mi mente, palabras que se escondían atrás de la música invitándome a buscarlas, mientras yo intentaba ocultarme del pensamiento de ella.
Las horas transcurrieron, su silueta continuaba con su hipnótico movimiento. Sus ojos seducían a mi pensamiento. Su espalda dibujaba una serpiente esperando a su presa, el rabillo de sus ojos cuidándome.
Así transcurrieron los segundos, los minutos, las horas. Hasta que llegó el inevitable momento de la partida. Nuestros caminos se separaban a la distancia, dos rectas distintas cuya intersección era el aquí y el ahora. Su curva asíntota se perdió en mi horizonte de eventos, mi recta simple cruzaba el espacio sin tiempo.
Las nubes flotaban mientras me invitaban a volar con ellas, mis pies comenzaron a elevarse mientras me acercaba al infinito, el espacio se contraía bajo mí, dejando un abismo de nada a mi alrededor, un abismo que me consumía, me comía, me mataba. Un alien de sentimientos en mi pecho buscando escapar, luchando por romper mi pecho para salir y masacrar mi realidad en un grito de soledad.
El destino oscuro y misterioso hizo que nos volvieramos a encontrar. Su recta asintótica era tan sólo un polinomio de tercer grado fracional, una ilusión para una simple ecuación con sólo una raíz vacía. Un beso entre ella y yo estaba totalmente indefinido, una caricia era encontrar mi base, sin asegurar
me que fuera una caracteristica de nuestros polinomios (polinomio característico). ¿Sería tan difícil buscar una matriz que nos transformara?, ¿O sólo me quedaba intentar trascender y volverme una matriz transitiva a la solución de mi problema?.
El antro parecía un conjunto de los mismos que encerraba nuestra presencia. El núcleo de nuestra esencia se mezclaba entre los presentes, las conjeturas se mezclaban, las ideas y los pensamientos morían en la oscuridad. El ambiente era tan familiar que me sofocaba. El caminar era un peso en los hombros. Cadenas en mis pies que me frenaban a volar en mis sueños mientras la recordaba.
Di unos pasos más mientras me tambaleaba, de pronto esa verde silueta adivinó mis pensamientos y tropezó sobre mí. Las cadenas que aprisionaban mis movimientos al infierno me soltaron para sostenerla entre mis manos, ambos caímos hacia atrás.
El sillón a mis espaldas apenas pudo alcanzar a estirar sus manos y dejarme caer en su regazo, ella sobre mí. Volteó a verme y mirando mis ojos susurro a mi oído:
*Bebe esto* – mientras acercaba a mi boca un vaso de un líquido de color morado.
*¿Qué es?* – pregunté mientras miraba el vaso asustado. Mi respiración acelerada temía por algo que no recordaba.
*Te dije que nunca sería tuya* – volvió a susurrar a mi oído. Mis poros dejaban escapar esa sensación de conocer esas palabras. El cuarto daba vueltas, mis sentidos fríos congelaban el contacto de su piel.
*¡¡¡Brim!!!* – grité mientras volvía a mi irrealidad.
La gente volteó a verme mientras la vergüenza inundaba mis cachetes.
*Hass… Ich Hasse Sie…* -- susurré cuando me retiraba, mientras guardaba a la Barbie en su caja para ponerla en el rincón de mis recuerdos. La Barbie Condeshi que respondía a los caprichos del realismo y una niña Monserrat que respondía al desdén del surrealismo.
Posted: Mai 12th, 2009 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
“Pase al frente” – dijo el profesor.
“Pase al frente…” – repitió el profesor.
“Ezcuincle!” – gritó el profesor enojado.
En ese momento volteé a verlo, encarando mis ojos desmesuradamente abiertos con los suyos que me callaban como cuchillos cortando mis palabras en pedazos irreconocibles.
“¿Sigue usted soñando verdad?” – dijo con su clásico tono tranquilo como burlándose de uno.
“¿En quién piensa?, ¿Está enamorado?, ¿O por qué no pone atención?”
En ese instante volteé a verla, casi en automático. Sus ojos cruzaorn los míos, los de ella asombrados, los míos llenos de vergüenza, rápidamente, asi como llegaba el color rojo a sus cachetes, ella giraba su cara para evitar ver en mis ojos la respuesta al maestro.
El encanto del momento había desaparecido, lentamente giré mi cabeza en dirección al maestro, pero en esta ocación la tenía baja. No se si era la vergüenza por ella haberme leído como libro, o la de soñar en clase con alguien que jamás vería a este ser así como mis ojos la admiraban a ella.
“No profesor, lo siento, ya pondré atención” – respondí titubeando.
“Eso espero” – respondió mientras se dibujaba una sonrisa en su boca, pequeña, pero definida.
¿Se había dado cuenta de lo sucedido el maestro? ¿O sólo se burlaba creyendo me intimidaba?. Así como había una pregunta, nacían dos más. Era inhumano considerarlas, mi atención dejaba la clase para meterse en mis asuntos, inmiscuyéndose, opinando aquí y allá.
Continué pensando una y otra cosa. “¿Qué hacer?” es la que retumbaba en mi cabeza. Podía hablar con ella o no. Si lo hacía, ¿qué pasaría? Y si no lo hacía, ¿qué?. Así continué entre mis pensamientos cuando volví a escuchar al profesor.
“¿Otra vez soñando en mi clase?”
Simplemente le respondí sonrojándome.
“Ay esta juventud… Bueno, damos por concluída la clase” – añadió.
Tomé mis cosas, las empaqué en mi mochila y tentando sobre mi pantalón, del lado izquierdo, oprimí el botón de “play”. Comencé a caminar, mientras me ponía mis audifonos.
“Verborgen in mir… Verschlingt mich ganz… Tief in mir mit dir… In ein schläfrigen Tanz… Gefunden in Feuer Meer…“. Escuchando el himno de otro sufrimiento sofocar los coros del mío… „Ich hasse dich… Ein Geschenk deine Liebe… Wo ist sie gegangen… Ich sehe ein Licht… Und die Gewalt dieses Meeres… Lässt mich Frieden von dir… Ich hasse dich… Ich hasse dich…“
Sin pensar mas continué caminando, hasta la próxima vez que al viera… Ich hasse Sie.
Posted: Dezember 24th, 2008 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
Joaquin viajaba en su carro, los vidrios polarizados no dejaban se introdujera la poca luz que brincaba jugueteando en los charcos de agua de la calle. Mojandolo todo con motas de colores rojos, rosas, azules, amarillos. Iba perdido en sus pensamientos, en las añoranzas de antaño, pensamientos que corrian como bolidos sobre carros de carreras. Podia verlos viajar frente a el a cientos de km/h, avalanzandose unos sobre otros, todos queriendo llamar su atencion, ser los primeros en venirle a la mente. Pero ninguno podia ganarle al recuerdo de Brim.
Asi pasaron las calles una tras otra, como si el carro estuviera inmovil, atrapado por las arenas del tiempo, arenas movedizas de pensamientos que devoraban todo alrededor de Joaquin. Una cancion interrumpio sus pensamientos, la conocia bien, pero no recordaba porque. Las notas comenzaron a iluminar el interior del carro, la calle se convirtio en un pentagrama, el carro brincaba como rana alcanzando cada uno de las notas, volando hacia arriba, cayendo como en precipio entre coros. “Acompaaañameeee…” recitaba la voz en el fondo… “Porque puede sucedeeeer… Acompaaañamee… Que me puedes llegar a quereeeer…”.
Esas palabras dulces lo llenaban de pies a cabeza, alcanzar las notas cada vez se volvia mas dificil, la miel de los pensamientos pegaban las notas una con otra. La voz se distorcionaba, como un viaje de LSD, “Cerca de mi corazoooon….”. El corazon de Joaquin se aceleraba, Brim se divisiba en la lejania del vacio, su mano se acercaba a la de el, llamandolo, pidiendo la acompañara. De un brinco su corazon salio de su pecho, comenzando a correr, Joaquin se sentia cayendo a traves de un pozo obscuro, sin fondo, la nada lo consumia, mientras su corazon corria y corria intentando alejarse de el, alcanzar a Brim. El sudor del corazon se volvia rojo, rios de sangre brotaban del suelo, las olas avanzando hacia Brim, saboreando el dulce olor de su perfume, los rios, ahora mares, la abrazaron, envolviendola con sus brazos de angustia. Su vestido negro con motas blancas estaba ahora humedo por la sangre, lentamente comenzo a subir el nivel, ella hundiendose, mas y mas, hasta que quedo completamente sumergida. Abriendose paso entre laberintos del cerebro de Joaquin corria y corria, buscando la salida de su mente. Lanzandose contra el suelo, puso sus manos sobre aquella gelatinoza masa, su desesperacion lanzo un grito desgarrador desde el interior de su ser. Las paredes se cimbraron, el suelo comenzo a vibrar. El laberitno se convertia en polvo mientras ella caia, tomando la mano de Joaquin mientras caian al vacio.
En ese momento detuvo Joaquin el carro, habia llegado por fin al bar del restaurante “Alas”. La cancion aun tocaba en el fondo del carro. “Sabes lo que decia el cable que puse a mi padre?” rezaba la cancion como mantra “No me interesa” respondia la cantante “Que habia encontrado novia en España” que hubiera pensado Brim si le hubiese dicho algo asi, pense “Enhorabuena” seguian las respuestas de la cantante como burlandose de mis pensamientos “Me conesto, si te casas considerate desheredado”, curiosa ironia pense, la vida me habia desheredado por amar mas a Brim que a ella misma, “Y tu que piensas hacer?” cuantas veces no habia escuchado a Brim hacerme esa pregunta cuando le decia que no podia vivir sin ella, “Si me sonries, considerarme desheredado y muy feliz”, que mas le podia responder? “No te lo creo” Ni la misma vida lo creyo, “Palabra de estudiante pobre, me crees ahora?” Y como no iba a creerme conmigo de rodillas frente a ella, implorando por su amor? “Si” respondia la cantante. “¡¡¡Mentiraaaas!!!” grite, apagando de un golpe el radio. Eso no pasa, solo en las peliculas. Mi mundo se nublaba tornandose rojo carmesi, cuando de pronto un valet toco a mi ventana con el nudillo del dedo medio, sacandose asi de mi letargo. Sus ojos penetrantes me miraban fijamente, abri la portezuela decendiendo lentamente, tome las llaves y se las introduje en los ojos, tomo su pluma, el monton de papeles y escribiendo mis placas arranco de un tiron el contrarecibo y me lo entrego. La sangre ya dibujaba en la calle un camino por donde el auto comenzo a caminar en automatico. Volvio a girar las llaves y las saco de sus cuencas vacias. Colgando las llaves por el nervio optico de los ojos en una cajita volteo a verme sonriendome “Eso es todo caballero” mientras un par nuevo de ojos aparecian donde habian estado los otros.
Me gire y camine a la entrada, en la puerta estaban dos enormes gorilas con sombrero regalo de Dick Tracy. “Como esta la señora nana?”, azotando los puños contra el suelo respondi “No bien por lo visto”. Bana era un poco explosivo y malhumorado, lo que lo hacia un buen cuidador, solo habia que saber tratarlo. Quitandome los guantes delicadamente de las manos, tome mi sombrero dando las gracias mientras retiraban la serpiente de dos colas que habian comprado especificamente para este trabajo. Me introduje en el bar cuando inmediatamanete oi el alboroto tras de mi, la cadena ya estaba puesta en su lugar y habia abierto la caperuza agitando sus cascabeles enroscados en los postes a cada lado de la entrada. “Estos no aprenden” pense, mientras dejaba atras a los que querian entrar. Introduciendome mas y mas en aquel largo pasillo que se oscurecia a cada paso.
Como se podran imaginar, este se llama “Bar Serpiente”. Hace mucho tiempo, poco despues de que el hombre dejara de dominar la tierra, las serpientes se juntaron y para no morir de hambre, decidieron crear una soña roja. Aqui se encuentra todo tipo de fetichismos e historias extrañas con serpientes y este glamoroso bar, donde 47 se ofrecio como edificio. 47 es una vibora que muto y ahora tiene medidas colosales. La gente en forma de desprecio querian matarla, hasta que se volvio el bar mas importante de la zona. Segui adentro, hasta que que una legsy se acerco a mi. Sujetando su ligero para no perderme, nos introdujimos entre uno de los pliegues de los musculos de la vibora, siempre me habia sorprendido como entrabamos por un lado y terminabamos en otro totalmente opuesto. Los ajenos a este mundo creemos que es debido a microscopicos, ahora suficientemente grandes, tuneles donde fluye liquido, pero siempre te llevaban al lugar indicado, si ibas con la persona indicada. Si te perdias, podias terminar en el estomago, algo que no era muy agradable.
Legsy me llevo al salon principal, varias mesas ya estaban ocupadas. Alce la vista a la barra y le guiñe un ojo a la bartender. Inmediatamente volvio Legsy con mi copa, un Johnnie Walker Etiqueta Negra en las rocas. Por si no se lo han preguntado, este bar intenta minimizar costos, que aunque las viboras tienen que comer unicamente una vez al mes, son bastante tacañas, de esta manera desarrollaron un sistema donde cortan a las mujeres a la mitad. Asi el torso atiende la barra, mientras las piernas reparten los tragos. No es una agradable visita si es tu primera vez, pero con el tiempo te acostumbras, yo lo he hecho. Levantando un trozo de piel del muslo introduje el billete “Quedate con el cambio” le ordene a las piernas, mientras se giraban y desaparecian en el horizonte. No pensaba estar mucho tiempo en el bar, cuando bebo me da por escribir como ahora, por eso prefiero escuchar la musica y retirarme. En ocaciones, como esta, prefiero escribir para beber.
Habian pasado unas copas, dos o tres, no recuerdo en realidad, cuando comence a recordar. Sabia que no debia hacerlo porque mientras mas recuerdo, mas se nubla mi alrededor, hasta que me pierdo. Pedi otro mientras firmaba para abrir una cuenta, esto iba a tardar. Ya me conocian, pero era una mera formalidad. A este tipo de bares suele asistir gente de las grandes empresas, gerentes con las secretarias, los de contabilidad, mercadotecnia y demas departamentos que buscan una interaccion mas cercana para odiarse el resto de sut iempo de convivencia en la oficina. Una cancion empezo a tararear en lo profundo de mi cabeza. Llevaba ya unas seis o siete copas viajaban como rios de arena en un reloj.
“Como han pasado los añooos” recitaba la cantante en el escenario “Como cambiaron las cosas, y aqui estamos, lado a lado como dos enamorados, como la primera vez” acerque mi mano a la de Brim tomandola entre las mias, “Y aqui estamos frente a frente, como dos adolescentes, que se miran sin hablar”, voltee a verla mientras mis ojos se estiraban hasta alcanzarla, rodeando su cuello con sus manitas delicadas, abrazandola. “Sera cierto Brim?” pregunte mientras susurraba ella “Parece que fue anoche, cuando bailamos abrazados y juramos un te quiero”. “Por eso nos castigo Dios” pense “Por jurar en vano”. Su mano se estiro y se tenso, como liga se acerco su sillon al mio.
Sus ojos me miraban, me quite la ropa rapidamente y me meti a nadar en ellos, tratando de recordar lo que habian visto. La negrura de sus ojos se confundia con la oscuridad del lugar. No sabia mi rumbo, solo nadaba y nadaba. Los recuerdos, como algas, se me pegaban al cuerpo. Los besos volaban en el cielo como pajaros emigrando al sur. Comenzando la boca de Joaquin a besar con pasion sus labios, las lenguas de ambos luchaban como leones enjaulados por el ultimo brazo de hombre en aquella prision. La humedad de las lenguas recorrian lso labios de ambos, mordisqueando ella el labio superior de el, bajando el sus labios al inferior de ella, recorriendo Joaquin con su nariz la mejilla de ella, respirando el dulce aroma de su piel, dejando que el aroma recorriera su mente, si piel, su nariz, sus pulmones, su recuerdo. Tomando Joaquin su mano dercha la subio por el brazo hasta su cuello. Rodeandolo con sus dedos acaricio su nuca, entrelazando sus dedos en los cabellos tersos, rizados de ella, que descansaban sobre sus hombres como dos cataratas en una noche oscura chocando con el suelo. Los labios de Joaquin recorrieron su mejilla acariciandola, la boca de ella respirando en el oido de el. Ambas mejillas pegadas, la mano izquierda de el escbullendose atras de la espalda de ella. Abrazandola fuertemente, sus labios susurraron con pasion, con lentitud, con zozobra, dejando que las palabras se deslizaran como dos maestros del patinaje “Habran pasado los años, pero el tiempo no ha podido hacer que pase lo nuestro”. Legsy retiraba su copa vacia, una lagrima nacia en su boca, una copa mas habia muerto por ella. Guiñe con el ojo derecho a la bartender mientras Brim y Joaquin seguian abrazados. Las luces se hacian mas tenues, dejandolos a oscuras.
En eso recorde respirar y sali del agua, intentando tomar bocanadas de aire entre tragos de Johnnie, los besos se divisiban en el horizonte. Nade hasta la orilla, secandome con un puercoespin, tome mi ropa y me volvi a vestir. Me quedaba grande asi que tome una serpiente marina y me amarre los pantalones “Van con el lugar” pense, mientras a grandes zancadas me alejaba de sus ojos. Su mano aun entre las mias se alejaba lentamente, dejando las mias vacias, frias, sufriendo la perdida. “Como han pasado los años” volvi a pensar, mientras acercaba el vaso, que seguia enfriando mis manos, a mis labios. La luz del escenario comenzo a apagarse, la interpretacion de aquella antiquisima cancion habia sido hecha magistralmente. Todo el bar se puso de cabeza mientras aplaudia con los ojos. Es digno de mencionarse esto, porque no era frecuente ver algo asi por estos rumbos. Pero todos aplaudian excepto dos mesas, la mia y una mas en el fondo. Me pregunte que hubiera opinado Brim porque no aplaudian ellos, si era debido a nosotros o si estaban enfrascados en su platica. Pero lo que describire ahora es lo que sucedio despues, en realidad era algo sorprendente. Digo sorprendente porque no siempre escribo en este estado. Que estado es? No lo se, hace mucho que me mude de ciudad y no se en realidad donde vivo, solo se que vivo para escribir pero no generalmente en este estado, solo si es sorpresivo.
El escenario volvio a iluminarse, esta ves habia aparecido mi cantante favorita, delgada, metalica, tenia un aire de aquellos microfonos de antaño donde cantaban los “Tres Diamantes”, pero como todo en esta epoca, modernizada. Su delicada voz comenzaba a cantar, mientras observaba con detenimiento a la pareja.
La pareja estaba sentada en un rincon del lugar. El bar estaba semi-oscuro. Suficiente luz para que las Legys caminaran con su radar, pero tambien la poca luz necesaria para permitir que las parejas intentaran cualquier tipo de flirteo. La mano de el estaba sobre la pierna de ella. Ella tenia sus piernas cruzadas, un poco alejadas de el. Lo suficiente para hacerlo que rogara. “Ereees mi bien… Lo que me tiene extasiadooo…” cantaba Mic-y en el escenario con su pulcro vestido rojo con brillantina y sus guantes blancos hasta la mitad del antebrazo, abrazando el microfono con sus delicadas manos como haciendole el amor. Al fondo, entre la oscuridad de la luz estaba su pianista ciego favorito, con su copa de vino tinto que se perdia en la oscura madera del piano. Los ojos de el estaban clavados en los pechos de ella. La botella al centro de la mesa, vestida de charro, bailaba con las botellas de refresco, se nota que estaba un poco ebria por como se movia. “La gloriaaa eres tuuuu…” balbuceaba el hombre en el oido de ella. Me recordaba cuando conoci a Brim y las promesas que le habia hecho a cambio de su amor.
Mis pensamientos se fueron perdiendo en los ojos de ella, mas y mas, introduciendo mi cabeza, mi cuello, mis brazos. Sentia sus labios susurrar palabras de lujuria a mis oidos. Estaba apunto de ponerme de pie para aplaudir a mi cantante favorita, cuando Legsy acerco la cuenta a mi mesa. Con la pluma que traia pegada a su cuerpo firme y de un trago me abalance dentro del vaso, terminando con el ultimo vestigio de sobriedad..
Tome mi abrigo y camine guiado por Legsy, me despedi de ella con una generosa propina y sali a la calle, el aire golpeando mi cara. Bana se despidio de mi, mandandole yo saludos a su esposa. El valet se acerco a mi diciendome que Legsy le habia pedido que me llevara a casa por mi estado. Asintiendo con la cabeza le entregue las llaves y se subio al auto del lado del conductor. Inmediatamente me sente sobre el y senti como se convertia en hoja, succionandome contra el asiento. Encendio el motor con mi mano y me dirigio hasta mi casa. Donde descendi y se convirtio en vapor. Cerre la puerta del auto, puse la alarma y mire al cielo, viendo la luna. Tome una roca lunar entre mis manos y le pregunte a la luna mientras la gravedad atraia a Brim que seguia orbitandola.
“Crees que deba seguir teniendo esperanza?”
Posted: November 15th, 2008 | Author: der_ketzer | Filed under: Cuentos | No Comments »
Hace muchos años, más o menos como 73, vivía en un país muy bello. Alemania siempre se ha caracterizado por tener enormes y maravillosos paisajes, verdes en verano, calurosos, llenos de flores y hermosos pastizales. En invierno las praderas se pintan de blanco. Hasta los conejos con us ojitos rojos puede uno imaginarse con tan solo ver sus diminutas huellas en la nieve.
Disculpen mi falta de educación y no haberme presentado antes. Mi nombre es Frank y vivo en las praderas alemanas, morando bajo el abrigo de las estrellas por la noche e impulsado por el sol en las tades. Mi trabajo no es relevante para la historia, pero si lo considero así, lo mencionaré. Tengo dos hijos, una niña (Sharon) y un niño (Moisés). Su madre, hace mucho que la perdimos a causa de una enfermedad mortal que devasto la tranquilidad de nuestra vida. Pero no tan mortal como la que se avecinaba. Desde entonces me he dedicado a cuidarlos y amarlos como mi vida.
La verdad no sé como pasó. Simplemente una noche mientras dormíamos sucedió. Primero escuché ruidos, parecían mecánicos. Unas luces me cegaron, mientras escuchaba los gritos de mis hijos al borde del delirio. Sin pensarlo dos veces, corrí hasta ellos, comenzando a soltar patadas intentando golpear a los agresores. Sin poder hacer nada por nosotros, nos amarraron las extremidades, subiéndonos a un camión con divisiones. Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz que envolvía el camión como un halo, vi a otros como yo también encarcelados, todos adultos. Los jóvenes habían sido llevados a otro lugar.
Anduvimos en el camión por horas, a través de los otros me enteré que eramos víctimas de un gobierno totalitarista y fascista, auspiciado por el pueblo. Somos la especie inferior, y nuestro sino estaba marcado desde siempre. Sólo era cuestión de tiempo hasta que el destino nos alcance. Sucedía ya en Alemania, España e Italia. El largo brazo de nuestro hado se cernia sobre otros países como Francia, Polonia, y amenazaba a otros como Inglaterra y Rusia.
Resignado a mis circusntancias esperé llegar al campo de concentración del que todos habiamos escuchado. Les llamaban granjas para engañar a la gente, así las hacía ver más humanas ante el mundo, pero nadie podía negar las muertes atroces y las violaciones a los derechos que en ella ocurrían.
Primero nos hacían descender del vehículo en que veniamos, después nos llevaban a través de pequeños pasillos con lujo de violencia, a veces a golpes, otras a base de toques eléctricos. Una vez que llegabamos a unos grandes cuartos, se nos marcaba para identificarnos, se nos revisaba totalmente desnudos, humillándonos, tratándonos como seres inferiores y desagradables. Con una manguera de agua a presión se nos “bañaba”, para evitar gérmenes y transportar alguna enfermedad a los demás. De los niños no se sabía nada, sólo que no servían para los trabajos pesados, así que siempre eran enviados directos a la muerte. “Carne tierna” les llamaba la gente, emulando a nuestro verdugo.
Nuestro camino, menos absolvedor, era trabajar obligatoriamente en los campos. Muchos de nosotros no aguantaban el trabajo y morían. Como seguramente estaban enfermos o eran débiles, se les mandaba directo a una fosa común. En ocaciones se usaban para alimentarnos. A los que sobrevivíamos, nos ponían música clásica mientras dormíamos o mientras trabajábamos, a veces ambas, bajo el argumento que así funcionabamos mejor. Cada noche teníamos pesadillas de hombres vestidos de blanco, con tapabocas viniendo por nosotros para llevarnos.
Habían pasado unos años, uno o dos, no sé cuantos verdaderamente, cuando de repente un día nos despertaron a media noche, llevándonos en un camión a un lugar alejado. Todos nos veíamos con ojos caídos, sabiamos a donde íbamos. Después de vivir en espacios pequeños, enfermos, encadenados, maltratados física y mentalmente, mutilados, apenas alimentados para ahorrar costos, sabíamos por fin, que nuestro destino final había llegado.
Viajamos en camiones una larga distancia, las intempestades se filtraban tras las ranuras de nuesta nueva cárcel, lluvia, nieve, polvo. Muchos morían en el camino. Pero la falta de humanismo cegaba a los hombres, la falta de respeto por la vida llenaba de desprecio al ser humano, eramos tan sólo un prodcuto. Descendiendo a empujones caminabamos por pasillos que parecían no tener fin, achicandose cada vez más, asfixiandonos, el olor a muerte se snetía en el aire, la sangre pintaba las paredes marcando el color de nuestros temores. Así caminamos en fila india, uno tras otro, a empujones, a golpes.
En un instento vergonzoso de humanismo, se había desarrolaldo un método mas rápido y eficaz para nuestra muerte, con menos sufrimiento según se decía, más humano. Pero ¿quién nos libra de los trabajos forzados? ¿Quién nos libra de la angustia? ¿Quién nos libra del abuso? ¿Quién nos libra de la muerte? ¿Quién puede alzar la voz y gritar libertad para los iguales si nos tienen aquí encerrados? ¿Se harán películas en un futuro gritando nuestro sufrimiento? O ¿Caminaremos siempre los desiguales esta senda de muerte? ¿Existe acaso esperanza alguna?.
Sin más pensamientos, perdido en el éter, caminando automáticamente, no me dí cuenta cuando llegué al final del recorrido. Sólo sentí un golpe en la cabeza y lentamente la luz a mi alrededor se desvaneció hasta oscurecerse todo.
Me llamo Franz, y soy el filete en tu plato que alguna vez fuí una vaca feliz.