15
November

Brim 5 – Sin Tiempo

Salí del baño, recogiendo la ropa tirada en el camino. Acerqué la playera a mí pecho y la abracé, las lágrimas estaban aún dormidas. Seco, abrí el cesto y aventé dentro la playera junto con la demás ropa. Caminé fuera del baño, el suelo se sentía frío, aún recordaba los pasos de ella. La paredes oscuras, aún reflejando sus tétricas palabras. Mis ojos caídos por el cansancio no se atrevieron a mirar el techo y sufrir más el distanciamiento del cuarto, que durante un par de años me habia acogido entre sus brazos, cálidos, tranquilizantes. De pronto, mis ojos perdidos se detuvieron en el reloj, eran las 6:23, al lado el calendario, colgado en la pared, de lado, como cayéndose, seguramente los días le pensaban tanto como a mí. Me acerqué con timidez, mi brazo haciendo un gran esfuerzo por levantarse de su letargo, arrancó la hoja del calendario.

11 de Diciembre 2012 decía la hoja, que bonito día pensé. Como tradición añeja leí el reverso, sin saber por qué lo hacía o para qué. “Hoy es un bonito dia para levantarse, será su último” rezaba la hoja, amarillenta, despedazandose como si gusanos se comieran pedazos de la hoja. El 11 rojo escurría su tinta, como si se alimentara de la herida de mi muñeca. Mi corazón se aceleró, la adrelina recorrió mi cuerpo, comencé a temblar, mi respiración arítmica, de pronto, sin aviso, tocaron a mi puerta, la hoja cayó al suelo, boca bajo.

La puerta se acercaba a mí, cada vez más próxima. Cerré los ojos y repetía en mi cabeza su nombre, deseaba que fuera ella, quería de una vez por todas terminara conmigo. Abrí la puerta y comencé a escuchar el ruido en la armonía de mi pensamiento, el vecino babluceaba algo sobre el fin del mundo, no entendía bien, estaba sumido yo en el fin de mi propio mundo. Asentía con la cabeza mientras cerraba la puerta en su cara. Abrí la ventana, quería el ruido del mundo acallara mis pensamientos, mis ideas, pero solo escuche silencio. Mire afuera y no había nadie. Estaba destinado a vivir mi soledad… ¿solo?.

Tomé mi cuaderno, las hojas amarillas se perdían en la oscuridad de la mañana, aún no salía el sol, la otra cara de la luna me sonreía. Agarré la pluma con ambas manos, me temblaban, sabían lo que pensaba. Después de tantos años viviendo tranquilo, de pensar en ella, seguía arruinando mi vida. Escribí en el cuaderno “¿Por qué te amo?”. Arranqué la hoja y la puse sobre la mesa junto a mi cama. Abrazando la botella contra mi pecho, la lanzé contra la pared. Haciéndose añicos, cayeron sobre la cama cada una de las partículas de vidrio. Me recosté sobre ellas, lastimando mi espalda, se sentía como si fueran sus uñas. Recordando la noche anterior, hice recorrer la botella por donde ella había pasado sus dedos.

Las sabanas se teñían de mi amor por ella. El aliento huía de mi cuerpo, tenía miedo de mi. Lentamente la visión se me nublaba, la respiración más lenta, el sueño me consumía. Esta vez no habría ángeles blancos que me salvaran. Cerré los ojos por un momento y una brisa recorrió el cuarto. Mis cabellos fueron acariciados como si fuera su mano, mi cuerpo abrazado como si fueran sus brazos, el frío como si fuera su corazón. La brisa salió por la ventana llevándose con ella la hoja de la mesita.

La hoja comenzó a volar, girando, cayendo, elevandose, era un sueño, un pensamiento, era mi Ícaro. Hasta que se acercó al sol tanto y cayó al suelo. La humedad del suelo por la lluvia de la noche hizo la hoja quebradiza, dócil a la mano. Las luces del parque donde había caido iluminaban a veces el suelo, a veces la nada. Los pensamientos oscuros se volvían intermitentes. Un joven sentad en una banca, bajo el manto de la luz, cabizbajo, perdido, en otro mundo, soñando, mirando el suelo, como esperando que el camino siguiera su rumbo y no se detuviera por el. La hoja acarició su pie, como un perro sin dueño abrazando a la vida en los ojos de la primer persona que cruza su corazón.

El joven levantó la hoja y la leyo, no se entendía bien.

“Eres mío” –leyo.

“Yo no escribí eso” – pensó – “Yo escribí ¿Por qué te amo?”.

El pensamiento lo asustó y soltó inmediatamente la hoja, esta cayó sobre el aire y se deslizó hasta unas hojas de árbol otoñales que parecían verdes al lado del pedazo de papel. El joven cayó sobre la banca y se recostó, el camino no había continuado, se había regresado.

La hoja continuó su camino, empujada a veces por el aire, a veces por el destino, pero nunca deteniendose, sabía debía viajar, pero no sabía a donde. El joven se levantó e intentó perseguir la hoja, la necesitaba. Asustada la hoja corrió hasta que cayó en una alcantarilla.

A la deriva, se desvaneció su tinta, como una idea vieja, como una amada perdida. Las aguas se tiñieron de rojo, el mundo se caía a pedazos, los cuatro jinetes de la desesperación viajaban por el nao del recuerdo. Los sentimientos remaban a su merced. Los pensamientos brincaban como peces queriendo subirse a la barca y salvarse. El bote cayó y se perdió en la oscuridad. El mundo se apagó, no había nada, la soledad, ¿dónde estaba ella?.

Volteé a ver el reloj, 6:43, tomé mi maletín y me encaminé a la salida. Al salir a la calle estaba todo en silencio, asustado volteé al cielo a ver si no había una hoja cayendo del cielo. Caminé rumbo al trabajo, aún estaba oscuro, cruce el parque, pero un sentimiento abrumador me consumía, la respiración fallaba, me senté por un momento en una banca, cuando vi una hoja caer del cielo, naranja, rogando por atención. Terminó bajo la orilla de mi zapato. La levanté y así como se elevaba, así se hacia polvo.

El polvo en la palma de mi mano me hizo recordarme, verme, sentirme. Esto ya lo había vivido. Volteé a ver mi reloj y eran las 6:43, pero del 24 de Octubre. Por eso era rojo el número, era fin de semana.

“Otra vez lo había logrado, la sombra de Brim era la noche de mi pensamiento, no del día” – pensé. Pero ¿quién era Brim?, ¿por qué era el primer pensamiento que tuve ahora?, desde aquella vez en la torre y el guerrero, dudé de quién era, dudé de su existencia, dude de mí.

“¿Cómo huir de ella, si ella es la torre de mi pensamiento que me mantiene aprisionado?”

“¿Cómo dejarla huir si es ella mi celadora?”

“¿Cómo vivir sin tiempo? Si mi tiempo eres tú.”

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15
November

Los Humanos

Satanás, abriendo sus alas y empuñando a Excalibur en su mano derecha lastimada por la batalla, emprendió el vuelo hacia dios. Alcanzandolo en los cielos, satanás tiro de su brazo hacia atras y con toda la inercia lanzo el golpe hacia dios. Interrumpida Excalibur por la espada del angel Gabriel empuñada por dios, esta se partio en dos, cortando asi de un tajo la cabeza del señor.

Esta cayo al suelo y rodo hasta una piedra, donde yacían ambas inhertes, las dos piedras, los ojos de el en blanco, idos. El cuerpo de satanas, fatigando y moribundo comenzo a descender, hasta que sus alas no puedieron mas y cedieron. El cuerpo muerto del señor de las tinieblas cayo junto con el del señor, uno al lado del otro. Muertos yacian los dos sobre un piso que clamaba por su sangre.

De entre los escombros de aquella milenaria batalla salieron los angeles y demonios que admiraban la frenetica lucha desde algun bastion que pudiera protegerlos de tan poderosos seres. Viendose unos a otros, angeles y demonios por fin eran libres. Eran libres del yugo de pertenecer a uno u a otro. Corrieron unos a otros como habian hecho antes, como rinocerontes en embestida, pero ahora no traian el odio en sus corazones, sino el amor a la libertad.

Abrazandose unos a otros, una luz los envolvia, cada vez mas brillante hasta que parecia de un azul-rojizo. Empezaron a esfumarse uno a uno, la luz descendiendo hasta la tierra y ocultandose en ella. Pasto comenzo a salir, flores, plantas, pero crecian unas mas altas que otras. Y de estas flores, enormes, comenzaron a salir, de la semilla de la union de angeles y demonios, los humanos.

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16
Juni

Brim 4: Soñandote

“¿Por qué me alejo de esa luz?” -- dije desconcertado.

“¿Es acaso esa luz, de la que tanto hablan cuando uno muere?, ¿Eso quiere decir entonces que estoy muerto?”

Mi cabeza daba vueltas, me sentía cayendo dentro de un remolino de dudas. Continuaba cayendo sin piedad. Los golpes de mis pensamientos durante la caida parecian dagas encajandose en mi mente, en mi cuerpo, en mis extremidades. El dolor me consumia, no me dejaba pensar. Cerre los ojos eperando con ansias el funesto golpe del destino en que cayera al suelo, matando asi mis pensamientos.

La ironia no se hizo esperar y senti aquel golpe de absolucion. Pero volvi a sentirlo en un ritmo recurrente, abri los ojos y me encontrada rodeado de unas personas de blanco. La luz cegaba, sentia como s hubiera vuelto a nacer, no conocia a nadie. Voltee a todos lados, buscando algo, como bebe buscando el seno materno. Como siempre, no sabia que buscaba, pero si sabia ahi no estaba. Comence a desesperarme, a tratar de moverme, pero estaba inmovilizado, no podia mover nada, no sentia nada. Mire a la persona que estaba sobre mi, no podia hablar, pero leyo en mis ojos mi duda. Se limito a bajar la cabeza y alejar la mirada de mi. Sin decir nada ya me habia respondido, condenado a la desgracia. Sin importar lo inverosimil del asutno, no podia recordar nada. No sabia donde estaba, ni como habia llegado ahi, no sabia quienes eran. Observe como aquella persona de blanco miraba fijamente mi brazo. Trate de mirar pero no lograba ver que miraba. La mirada comenzaba a ponerseme borrosa, los pensamientos se ocultaban de mi, no querian hablar mas conmigo, les gritaba pero no respondian, hasta que comence a cansarme. Lentamente mi mundo se oscurecia, no supe mas.

“Brim!!!” -- me levante gritando, sentandome en la cama. Mi respiracion era agitada, las ideas borrosas. Con la mirada ida en la pared mi mano tento mi otro brazo, subio por el, hasta que se encontro con mi muñeca. Mi dedo pulgar, que antes habia acariciado mi brazo, ahora era el juez de mis pecados. Mi dedo recorria con nostalgia la cicatriz de mi muñeca, añorando la felicidad.

Esta pesadilla siempre terminaba igual. Levantandome en la madrugada, sudando, jadeando a tocarme la cicatriz que me recordaba a ella, junto a la cama del hospital, con su sonrisa, repitiendo con sus ojos “¿Te acuerdas que te dije que nunca seria tuya?”.

El dolor de la herida era cada noche mayor. Me dolia caa vez que la recordaba. Sentia como si mi brazo se abriera y de el emanara toda la tristeza del mundo. Me encontraba abdandonad por la felicidad.

“Ech Stein, eck Stein. Alles muss verstecht sein” -- tarareaba en mi cabeza.

Una lagrima de tristeza nacia en mis ojos, recorriendo mi mejilla, preguntandome si asi se sentiria una caricia de ella. Caminando por mis labios, preguntandome si asi me besaria. Llegando a mi menton y cayendo sola al vacio hasta chocar con las sabanas. Cada noche me preguntaba porque era la caida lo uncio que sentia, el golpe de caer solo cada noche sobre mi cama. Limpiaba mi cara con la mano y volvia a recostarme, pero nunca podia volver a dormir, siempre veia su imagen en mi mente recordandome cuan bella es. Atormentandome hasta en mis sueños. Cada noche recordando su pregunta “Sabes que no tienes posibilidad conmigo verdad?”

Ya habia pasado un año y auns entia mi mano mutilando mi cuerpo. Aun dolian las heridas que ella causo, sin saberlo. Me levante de la cama mientras me aproximaba al refrigerado. Lo abri con la misma ilusion de siempre. Buscaba una cerveza, pero no habia, estaban vetadas de mi pensamiento. Tome el bote de jugo de naranja. Me disponia a tomar un vaso cuando alguien toco a la puerta. Mire el reloj sobre la mesa. Eran las 2:32 am.

Extrañado me acerque con cautela a la puerta. Mire, pero entre la oscuridad no se distinguia a nadie. Pense era una broma. Me alejaba de la puerta cuando volvieron a tocar. Enojado volvi y abriendola con violencia grité

“Quié….” -- mis palabras fueron ahogadas en seco por el dedo índice de Brim.

Me quede inmovil. Que hacia ella aqui.

“No me vas a invitar a pasar?” -- pregunto sinicamente mientras caminaba al interior del departamento, sin separar su dedo de mi boca, como un hechizo de antaño.

“Que bonita casa” -- exclamo.

“Departamento” -- corregi.

“Y qeu ha sido de ti? Te desapareciste” -- pregunto mientras me tomaba por la muñeca, acariciando con sus dedos la cicatriz que ella habia causado.

Mis palabras mudas pensaban que responder.

“Mmm por lo visto me comi tu lengua cuando entre” -- añadio mientras reia.

“Que grosero, no me vas a enseñar tu departamento? Ofrecerme algo de tomar?” -- sugirio de manera sarcastica, mirando todo el lugar buscando algo.

“Quieres jugo? No tengo nada mas” -- pregunte.

“Si hablas! Que sorpresa. Jugo esta bien, se que no puedes tener alcohol. De uva pro cierto. Me gusta el morado” -- respondio mientras se dibujaba una sarcastica sonrisa en sus ojos, como si supiera todo sobre mi vida. Cada detalle, cada pensamiento, hasta mis sueños oscuros.

Se encamino hacia la recamara mientras yo guardaba el jugo en el refrigerador, ahora caliente comparado con su corazon.

“Te estoy esperando” -- grito mientras golpeaba la cama con su palma.

Con terror me acerque a la recamara.

“Sin miedo” -- añadio a mis dudas como si escuchara mis pensamientos por sobre mis pasos.

Me sente a su lado sobre la cama. Como serpiente felina, escabullo su mano sobre mi pierna, ocultandola bajo mi playera. Sus dedos suaves como sus palabras, agiles como sus pensamientos, traicioneros como sus intenciones se dirigieron a mi pecho, acariciando mi herida sobre el corazon. Despues de jugar con sus dedos recosto su cabeza sobre mi hombro, exclamando nostalgicamente

“Ay tontito… Que querias hacer? Sacarte el corazon? Matarte? Ambas me pertenecen. Eres mio. Yo te poseo. Cada pensamiento tuyo yo lo puse ahi. Cada sentimiento tuyo es por mi. Cada accion tuya, es porque te dejo. Me perteneces” -- un escalofrio recorrio mi cuerpo.

Mis manos atadas a su pensamiento me impedian alejarla. Mis palabras atadas a su voluntad me impedian responderle.

“Bueno, como al parecer hoy no quieres hablar, me voy. Como siempre, fue un placer recordar que aun eres mio”.

Sacando su mano de debajo de mi playera se levanto de la cama. Su cabello lacio, como siempre, descansaba sobre sus hombros, enmarcando su bella cara, tan llena de inocencia superficial, imitada slo por un niño.

“Ah! Por cierto, no me gusta el jugo de uva solo, por eso te traje una botella” -- mientras la aventaba sobre la cama -- “Que bonito es el morado no?” -- con un suspiro añadio como golpe final.

Mi mundo que habia construido se venia abajo. Cai de rodillas al suelo, tirando el vaso de jugo. Todo mi mundo se veia morado. Puso su mano sobre mi cabeza mientras la acariciaba.

“No te preocupes, no dejare te pase nada…” -- dijo mientras sonreia -- “Que no quiera”.

Mi cuerpo se venia abajo, logre meter las manos. Estaba sobre mis cuatro extremidades, tirado, derrotado. Mis ojos se vidrearon, reconocian esas saetas que laceraban los sentimientos. Una lagrima queria nacer, pero para que? No queria morir por ella.

“Hay que bonito. Cuidado con mancharte con el jugo, el morado me trae malos recuerdos y a ti? Bueno me voy. No te preocupes, no te levantes, conozco la salida. Ah! Por cierto, no te vayas a terminar la botella tu solo. Guardame para cuando vuelva”.

Podia ver en el reflejo del jugo su sonrisa bellamente plasmada en su cara. Me senti por un momento feliz de ver aquella hermosura. Pense si eso mis habria sentido Da Vinci al dibujar esa sonrisa, como ella dibujaba ahora la suya en mi mente, y ver tanta belleza, o si su obra era tan solo la desesperacion de gritar lo que sentia.

Hace tanto que la habia visto, que habia olvidado como era. Cuan bella podria ser una hija de Venus. Alce la mirada y al vr su cara observe su pristina belleza, el dulce veneno del amor, y como en ella, la unica sonrisa, era la del desprecio. Lentamente camino a la puerta, escoltada por mis pensamientos. Abriendola lentamente se desvanecio en la oscuridad del pasillo asi como habia llegado. La puerta cerrandose tras de ella, asi como habia cerrado mis ilusiones hace tiempo. Cai al suelo de costado sobre el jugo, estaba fatigado.

De un salto me sente. Era de dia. Mire mi reloj. Eran las 12 de un sabado. Entre al baño, me quite la playera y avente la avente al suelo mientras me miraba en el espejo, tocando la herida en mi pecho.

Al entrar a la regadera vi mi playera en el suelo, morada, como si fuera sangre de mi herida ancestral por ella.

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26
April

Brim III

No recuerdo como empecé a amarla. Solo sabía que lo hacía. Quien es ella tampoco lo recuerdo. Ha pasado tanto tiempo, que lo he olvidado. O al menos es intento, procuro olvidarla, procuro no llamarla, procuro no recordar su indómita belleza. Solo recuerdo como terminó. O más bien como terminé. Primero, si me lo permiten, me presentaré. Sabía cuán monstruoso era yo. Decían que era yo un alberije, aunque nunca entendí el verdadero sentido de estas palabras. Lo que sí sabía, es que era abominable. De noche parecía una horrible serpiente, de enormes escamas, oscuras como la noche, un color horrible, como si el mismísimo infierno hubiera vomitado su odio sobre mí.
Y de día un hermoso tigre, de terso pelaje, blanco, cubriendo mi cuerpo totalmente. Mis ojos azules podían ver el infinito. No tenía límites mi belleza de día. Los dioses habían sido grandes al crearme con tanta bondad.

¿Cómo sabía como era? Cada noche me escabullía al bosque, a ocultar mi fealdad de Brim.
¿Quién es Brim? Pues ella, ¿Quién más podría ser? Si había olvidado mi propio nombre por recordar el de ella. Y era ahí, en aquel lago de verdad, en aquel oscuro lugar de pesadumbre, donde había descubierto entre una espesa niebla de desdicha mí fatídico destino, tigre de día, serpiente de noche.
Pero después de tan breve presentación, para que conozcan y escuchen así a éste ser de inmortal aflicción, continuaré en donde me qudé. ¿O debí de haber comenzado al revés? Ya no sé que sentido tendría una u otra cosa, más que prolongar una tragedia inexpugnable. Así que ahí estabamos, ella frente a mí, y yo sentado viendo al cielo, rezando a los dioses por su bendición.

¡Es que no puedo vivir en tu ausencia!” -- exclamé -- “Verte es una delicia a mis sentidos, tu tersa piel como melocotón. Tus ojos oscuros, juntos, como si estuvieramos tú y yo solos bajo la noche. Tus cabellos oscuros, abrazando tus hombros, recargados sobre tí, descansando sus pesares. Tú distancia me quita el aliento. No sabes lo que es vivir en tu ausencia. Cuando estás conmigo, mis coros interiores retumban las paredes de mis pensamientos hasta derrumbarlos. Tus recuerdos se liberan de funesta prisión que los enmarca. Renacen libres para adorarte, zurcan los cielos alrededor de tí idolatrandote. Mi corazón alimenta mis venas con tu nombre. Mi cuerpo es una vasija de mares de sentimientos, para que florezca tu beldad, y así tu imágen sea conservada en los anales de la belleza.”
No había concluido mi discurso, cuando una brisa recorrió mi cuerpo. Jugó como dedos entre su cabello, yo solo deseando fueran los mios. Acarició su cara con delicadeza y la beso, yo solo esperando a que alguna vez fuesen esos mis labios.
Comenzó a llorar, intenté pensar un momento. Había procurado cuidar que mis palabras vinieran de mi corazón. ¿O habría mi serpiente de haberme engañado?, ¿era mi serpiente la que hablaba?.
No supe que pensar o decir. Mi inhóspito corazón se inundaba de pesadumbre.

Aún con copiosas lágrimas bañando sus ojos de melancolía, ella se levantó. Secó sus lágrimas con el pañuelo del desprecio y así emprendió la retirada. Como general que ha perdido todas sus tropas. Sin decir una sola palabra, se alejó. Los ecos de sus pisadas sonaban en lo vacío de mis pensamientos, como la marcha de mil soldados.
Conforme ella se alejaba, el sol la acompañaba a paso firme. Sabía yo de que era hora. De alejarme a mi prisión, mi prisión que era su salvación de verme, mi regalo eterno para ella.

No podía esperar a que el sol saliera a saludarme con sus rayos de liberación. Nunca dormía yo, siempre pensnado en ella. Los funestos rayos del sol anunciaban con sus trompetas un nuevo día, una nueva oportunidad. Como cazador que persigue a su presa, comencé con la cacería. A lo mejor mi parte tigre serviria de algo para buscarla, para rastrearla. Olfateando su perfume, percibiendo su rastro emprendí la busqueda. Ya era medio día cuando la encontre. Ella oculta en esos lúgubres lugares de oscuridad. Esos lugares matizados de café, con su escudo verde, oculto tras la protección de esas mpiticas criaturas que los humanos llaman sirenas, pero para mi eran criaturas cuya voz helaba los corazones.

Con temor y recelo aguardé como agazapada fiera, hasta que la presa estuviera sola. Y de un mortal salto, llegué a ella. Atónita intento decir algo, pero sus labios sucumbieron ante el silencio. Volví a comenzar con mi discuros, siempre incesante mi voluntad. Ella ni se inmutaba, mis palabras la cruzaban como si ella no existiera, o como si mis palabras fueran afiladas cuchillas que cruzaban su pensamiento, cuchillas de ponzoña bañadas con el veneno de mis sentimientos, fraguadas en lso fátuos fuegos de la desesperación.
La desesperanza consumía mis sentidos, mis palabras nacían en mi corazón para viajar y morir en mi boca, sofocadas por sus ojos que las asfixiaban como manos sobre sus diminutas bocas, callándolas. Deseando no escuchar jamás, lo que su corazón sabía iba a decir.

Su indiferencia era más extensa que los siete mares. Al igual que la última vez, sin decir nada se levantó y susurró al viento: “Adios amor” .
Sin voltear atrás camino nuevamente, el ciclo se repetía. Con la cabeza baja retornaba a mi guarida. A cada paso, mi corazón se achicaba. Temiendo que desapareciera, apreté el paso. Me daba cuenta como la gente a mi paso me ignoraba. Llegué a mi destino para como cada noche, volverme aquél ser invisible.

¿Invisible dije a caso?. Era cierto, ya como piedra continuaba pensando. Entonces como golpe vinieron a mi todos esos recuerdos de aquellos dias. Primero vino el dia en que lloró, tan sólo habia sido el aire en sus ojos. Y aqu´el “amor” que suspiró, ahora recordaba con claridad como guardaba su celular en el bolso después de aquel susurro. Había sido invisible para ella como para la gente, y me había acostumbrado a no existir, a ser un fantasma.
La zozobra invadía mi corazón. Todo era inevitable, la impotencia por ser piedra inundaba mi pensamiento de desesperación.
Mi tristeza y tragedia eran tan grandes, que una lágrima nació en seca, muerta, y recorrió con gran disimulo y nostalgia mi mejilla. El corazón de éste alebrije, convertido en gárgola, se había secado.

Desde ese momento moré en aquel “bosque” , que para los humanos era un parque, mirando siempre a aquella casa, cuidándola. Y cada mañana ella se maravillaba de aquella estatua cuando se asomaba por la ventana, tigre de día y víbora parecía bajo las sombras de aquel manto espeso que la cobijaba de la intempestad de la tristeza, siempre cuidandola. Guardando eternamente en aquella cárcel de piedra su amor por ella. Al fin habia conseguido mi cometido, que ella me mirara. Cada tarde iba ella y sentandoze en el parque, admiraba mi belleza de tigre y serpiente.

Y yo… sólo viéndola…

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20
April

Serpiente a Alebrije

“Qué es esto?” -- me pregunté.

Estaba todo oscuro. No sabía que era ni donde estaba. Estaba cansado, así que me estiré. En ese instante escuché un crujido. Había sido yo?. Me sentía apretado, así que cobijado bajo aquél inmenso manto negro, seguí estirandome.
De pronto se volvió a escuchar aquél crujido, y un haz de luz entró en mi cueva. Me llamó la atención, que era, de donde venía?

Puse un ojito en el orificio tratando de ver de donde venía. Afuera había alguien, instintivamente supe de quién se trataba, era mi madre. Me entró la desesperación, traté de alcanzarla, mientras más lo intentaba, volvía a escuchar aquellos crujidos
De pronto caí de bruces y choque con una roca pero no me dolió, solo pensaba en alcanzar a mi madre. Alcé la cabeza, giré alrededor, pero no la veía. Me arrastré por el suelo, volví a escuchar aquél crujido. Volteé pero no vi nada. En eso baje la vista y bajo mi vientre ví aquella cosa gris clara, casi blanca.

“De ahí debí de haber salido” -- pensé.

Comencé a arrastrarme, buscando aquella obsesión. Crucé el bosque, pero no la encontraba. Entonces me topé con unas cosas largas y gris oscuro. Saqué mi lengua y percibí que eran de mi especia. Pero ellos me veian extraño.
Traté de acercarme para preguntarles acerca de mi madre, pero tan pronto lo hice, salieron arrastrandose.

Comencé a perseguirlos entre la maleza. Estaba por alcanzarlos, cuando algo me llamó la atención. Era algo nuevo, inmenso, más grande que el bosque, se perdía en el horizonte. Me acerqué con sigilo. Agaché mi cabeza y entonces ví aquella horrenda cosa. Me sobresalté y alejé, pensaba huir, pero era más mi curiosidad. Lentamente me volví a acercar y con miedo empiné la cabeza.
Volví a ver aquél horrible ser. En mi espanto se acercó una de esas cosas largas como las que había visto antes, sabía quien era, mi madre.
A escasos centímetros me dijo:

“Hijo, soy tu madre”.
“Lo sé madre” -- respondí.
“Te quiero como a mis otros hijos, yo soy una serpiente, pero…” -- su voz se cortó.
“Pero qué madre?” -- insistí con enojo.
“Pero tu no eres una serpiente, eres un alebrije” -- respondió por fin.

Esa última palabra de mi madre retumbaba en mi cabeza.

“Así que no somos iguales hijo” -- añadió.

Entonces aquellas palabras de sabiduría me hicieron abrir los ojos y recordar, recordar porque buscaba con tantas ansias a mi madre…

En ese momento abrí mis fauces y me la comí.

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30
März

Brim II

Sentía como unas frágiles manos se enroscaban en mi cuello, como si fuera una serpiente temerosa. Sus manos temblaban de miedo me imagino, cálidas como un sol de primavera, lentamente su odio se sentía en sus calidez, sus extremidades se sentían como si besaran mi cuello, y con lentas caricias lo estrujaban. No podía resistirme, estaba inmovilizado, perplejo, atemorizado. Si hubiera sido cualquier otra persona, podría haberlo superado, pero porque explicitamente ésta?. Mi fustración por la traición me hizo desvanecerme lentamente de éste frágil cuerpo terrenal, sólo para no sentir más su suaves manos quitarme el aliento, que le hubiera regalado con tan solo pedirmelo, así como le había regalado tantos suspiros, por tan sólo pensar en ella.

Creo que antes de continuar con mi lento y tortuoso asesinato, sería interesante o al menos productivo, que comenzara por el principio.
Yo me llamo Red Tzerke, diría que vivo en todos lados pero no sería totalmente cierto, vivo en mis pensamientos sí, pero si se refieren a mi cuerpo, pues habito la ciudad de México. Esa ciudad que llaman de la esperanza, pero a mi me gusta recordarla como de las sobranzas. Actualmente estudio, pues es lo que me “forjará para que en el futuro sea una gente de provecho”, pero dejemos a un lado mi historia, que no es el punto del recordatorio, sino hablar de porque me encuentro en esta situación.

Haré un pequeño bosquejo de lo que fué y de lo que es, sin perderme en el tiempo, que es algo que obviamente no tengo ahorita. El tiempo es relativo, tan falaz, hoy esta y mañana no. Hoy es, para mañana desaparecernos. Algo tan inverosímil nos quita la calma y a su vez nos llena de júbilo. Obviamente ahorita me quita la calma, como si no pudieran darse cuenta, pero aquellos bellos momentos de admiración, simplemente parecian eternos y me llenaban de júbilo. Cuenta la leyenda, que yo vivía recluido en mis pensamientos hasta que una fuerza indomable, que la mayoría de la gente gusta de llamar amor (por no tener un mejor descripción, nombre o definición), se postró en mi mente, y como goma borró todos mis pensamientos ajenos a ella, tomó mis ojos y solo me hizo recordarla a ella, sin objeción alguna se apoderó de mis sentidos y me obligo a no sentir más que su presencia. Era su esclavo sin siquiera ella saberlo, era su fiel seguidor sin siquiera ella notarlo, era su todo sin siquiera yo ser algo.

Después de tantas cursilerias, continuo detallando lo que acaeció sobre mi sino menoscabado. Después de tanto admirarla, tanto quererla, tanto todo. Me dispuse a planear la estrategia, a discutir con el señor su plan maestro para adelantarme a ella y conquistarla con mi ausencia. Y en verdad así fue como sucedió. Comencé a hablarle mientras ella me ignoraba, comencé a admirarla mientras ella se ausentaba. Sólo quería me mirara, pero ella solo desaparecia. Y así continué por los dias. Ella ignorandome y yo amándola en secreto.
Habría que describirla? Sería oportuno. ¿Qué puedo decir de ella? Para mí ella era una semidiosa, descendiente de la mismisima Venus. Inteligente como gato, atractiva como una gacela, risueña como hiena, voz angelical que solo canarios chinos podrían igualar.
Mi amor por ella era incontenible, seguí admirandola. Cada día que pasaba, simplemente me sentaba a verla, su cabello largo dialogando con sus hombros, su cara una delicia a la vista. Pero mientras más arena por minúsculo orificio se escabullia, más era mi desesperación, hasta hoy que tuve ese fatídco sueño.

Generalmente no sueño, o al menos no recuerdo. Pero el día de hoy, la vida quería reirse de mí. Todos somos carne en descomposición, pero hasta hoy, recordaba cuan podrida era mi mente. Y no es que el sueño haya sido horrible, o absurdo, fue lo suficientemente verosímil como para ponerme en esta situación.
El sueño ocurrió de la siguiente manera. Yo iba rumbo a un antro, mientras leia un periodico, cual antro? No recuerdo. Uno de esos lugares obscuros, donde los gritos de los pensamientos se mezclan con los sonidos de la musica, esos lugares que cuando sales, los baladros de las ideas aún retumban en los frágiles oidos clamando atención. Tétricos emplazamientos de oscuridad, donde la maldad de las sombras se mezclan con la inocencia de las personas. Sitios que hacen olvidar al hombre de donde viene y a donde va, lugar que reduce las horas al igual que los pensamientos, la bondad se oculta asustada mientras da paso a lo mas sucio y bajo del hombre. Pero aún así, en ese mismo lugar me encontraba yo, rodeado de todo eso y mas. Puesto que aunque era fuerte la música, mis pensamientos por ella eran mas fuertes que mil tambores de guerra, mas sonoros que cualquier decibel que alcanzara un sonido creado por el hombre. Esos pensamientos eran los latidos de mi corazon lamentando sus heridas infligidas por el amor no correspondido. Entré al antro asustado por lo que ocultaba aquel manto negro de incertidumbre. Llegué a una
mesa, casi en automatico, no recordaba porque, o mas bien no sabia, pero aun asi, segui mecanicamente.

Tomé asiento en la orilla de aquellos colchones que parecian un mar de tranquilidad en un mundo de tormentas. No recordaba que hacer, solo sabia que ahi debia de estar. De pronto entre mi perplejidad se acerca aquel demonio, vestido de negro como la noche, oscuro como sus intenciones. Mientras más se aproximaba mas rapido latia mi corazon. Sentía pánico de lo que sus saetas de corrupción disparadas por su lengua pudieran hacer a mi raciocionio. Sin mas se acercó a mi, se sentó en mis piernas, sentía el sudor frio salir por mis poros, mientras el calor de las llamas de aquel infierno evaporaba cualquier intencion de huir. Me empujó hacia atrás y se recosto sobre mi. Instintivamente cruce mis brazos en su cintura. No sabia que hacia ni porque, era como estar bajo el poder de su pensamiento, ella me controlaba sin siquiera pensarlo. En ese instante la musica cesó, veia la gente moverse a mi alrededor, ignorandose unos a otros, como es costumbre. No me percataba de ningun otro sonido, mas que el de su melodiosa voz, esa voz que me hacia subir al cielo con falaces alas, hasta morir quemado por el calor de la pasion, y caer sin rumbo fijo a la nada, de donde ella me habia rescatado.

“Hola, ¿cómo estás?” -- preguntó, como si le importara.
“Bien gracias, y tú?” -- no sabía que mas preguntar, mi mente estaba en blanco, solo seguía el dialogo de su obra.
Tomó un sorbo de su bebida morada. No se si vemos colores en los sueños, pero ella se encargó, que aún cuando no los vemos, lo recordara como si hubiera estado ahi. Parecia un antiguo hechizo.
“Oye, te gusto verdad?” -- preguntó soltando el cuchillo sobre esa herida de antaño, que el tiempo intentaba curar, no habia que dejar que sanara. Mientras, giraba lentamente su cara hacia la mia. No podia ocultar mi sorpresa. Tanto tiempo pensando en que respondería cuando hiciera esa pregunta, y ahora que la habia hecho, me encontraba en blanco, sin nada, mas que el dialogo programado por ella en mi mente.
“Si” -- Respondí con temblorosa voz, no habia mas que decir, era mi unica verdad desde hace tiempo. Intenté añadir algo, pero mi lengua estaba vacia, mis ideas secas.
“¿Sabes que no tienes probabilidad conmigo verdad?” -- Preguntó encajando mas la daga donde
ella sabia dolia.
Pero no pude evitarlo. Mi pensamiento se libero de aquel hechizo, había dicho algo exacto o mas bien exactamente incorrecto. Era probabilidad la palabra correcta?. Porque no uso posibilidad?. Sabrá calcular probabilidades?.
“90% es poco, 99% es mucho” -- pensé -- “Pues diría que un 98% de seguridad que no tengo alguna” -- mi pensamiento se detuvo, tenía que decirlo. Como pez en el agua trate de articular -- “posibilidad.” -- a duras penas pude decirlo, pero era el único golpe sarcástico que podia asestar contra su malicia. Quize añadir algo más matmático que habia leido en el periodico de camino, pero para que?
Su cara a escazos centimetros de la mia, me recordaba lo cercano que iba a poder estar con ella, y a su vez, la fatidica manera de destrozar todo aquello que por ella construi. Mi castillo de arena, se vio menguado por la furia del oleaje de sus ruines palabras.

En la mañana cuando desperté de este sueño, mi mundo giraba, aun me sentía sumergido en aquel oleaje de oscuridad. Me levante a hacer mis actividades cotidianas, hasta que llegue al momento en que ahorita me encuentro. Así que para no olvidarnos de mi cuerpo, regresemos a donde estabamos, unas tersas manos asfixiandome. Como se podran imaginar, esas manos no eran las mias, por si creian que en mi locura me autoasesinaba. En efecto, esas manos eran las de ella. Por qué estaba en esta situacion, es algo que tampoco recuerdo. Sólo recuerdo como me sumergia en mi bañera mientras lloraba mi tragedia, que ni era tan trágica, pues no habia sucedido, pero bien sabia, era la realidad. Casi podría llamarme emo y burlarme de mi mismo si pudiera verme.
De pronto como galerna, el aire fluyo a mis pulmones con gran violencia. Abrí los ojos que habia cerrado para recordarla como aquella bella criatura, victima de mi amor. Una figura blanca se inclinaba sobre mí. Pensé por fin habia muerto por aquella persona que tanto amaba, ver esa figura me recordo a un angel blanco, aunque para mi el único angel existente era mi angel negro de estimación. Lentamente el sonido volvía a mí y escuchaba como las palabras se filtraban en mi mente.
“Está usted bien?” -- preguntaba aquel misterioso ángel -- “Me escucha?” -- repetía, como si yo estuviera sordo.
Estaba mojado, no se por qué razon, pero no sordo.
“No se preocupe señor, ya llegamos” -- repetia la tranquila voz -- “Lo llevaremos al IMSS” -- le decía éste ángel blanco a mi angel negro. No sabia que me llenaba mas de preocupación, saber que iba a ir al IMSS o que mi angel de la muerte estuviera presente.

Camino al hospital sólo pude ver entre tanto blanco como mi pensamiento llenaba todo de rojo. Ese bello color. El color de la pasión, del amor, de las llamas entre dos personas… el color de la sangre. Y entre tanta vehemencia solo escuche decir a mi angel de luz: “Saca el no se que, dale 10 ml de aquella cosa, se nos va”. A donde podria irme si aqui estaba?.

Entonces comence a recordar lo que habia sucedido. Después de hacer mis actividades cotidianas, me habia dispuesto a meterme a bañar, pero para soportar el dia, habria que relajarse antes de salir a el. Mientras en mi tristeza y desesperacion, me sumergi en el agua, para que mi amada no escuchara mis gritos donde fuera que estuviera. Tomé lentamente ese pedazo de luz, tan pequeño y al parecer tan frágil, pero a su vez tan poderoso. Y lentamente deje jugara con mi piel, recorriendo mi cuerpo. Llenandome de esa luz reveleadora y absolvedora. Cada salto que daba me llenaba de satisfaccion, sentirla como recorria cada fibra de mi piel, cada vez acercandose mas a su destino. Recorrió mis muslos, mi vientre, mi cuello, mi pecho, la satisfaccion era demasiada para hacer esperar a mi amada, asi que tome aquel fulgor que me exculparia de tan infausto amor. Y de un solo funesto golpe, mis pensamientos por ella se destruyeron como espejos rotos. Tirados alrededor mio, reflejando mi patetica existencia.
Pero de que sirve existir, si para ella no fuí nada.

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11
März

Brim I

“Quisiera no pensar…” -- pensé.

“Vaya ironía” -- exclamé en voz alta, mientras dibujaba una cínica sonrisa con mis pensamientos
que bailaban alrededor de fatua fogata, que algunos llaman amor.

Quisiera no pensar…” -- continué mi pensamiento -- “¿Para qué?” -- me pregunté.
Obvio conocía mi propia respuesta…

Para olvidarla” -- exclamé triunfante, como si hubiera encontrado la respuesta a los misterios
de la vida.

Pero la verdad es que ni siquiera había resuelto mis propios misterios. Seguía caminando por la calle.

“Como aquél amigo, que caminaba, mientras se daba cuenta lentamente de sus mecánicos movimientos.”
- pensé.

Era la metáfora de mi vida, caminaba sin rumbo, sin saber porqué. Simplemente lo hacía, volteaba veía una persona, algo murmuraba, se opia tan distante su voz, le parecía tan lejana, como si él no existiera. Mientras más se concentraba en su realidad, mas difuse ésta le parecía.

La calle era una tortuosa caminata para sus pies, las imperfecciones del suelo laceraban sus
pensamientos, los hacían imperfectos.

Pasó frente a una tienda, una muchacha miraba el escaparate. Sin pensarlo dos veces gritó: Brim”.

Sus oidos se estremecieron, parecían cuernos de guerra, miles de pensamientos chocando como
las olas contra las rocas de su testaruda mente por recordarla.
Se recuperó para toparse con la realidad. Como una ráfaga, como agua que sale por las compuertas
de una presa, éste suceso abrío las compuertas de sus recuerdos, la caja de pandora hizo
recordara esa fatídica historia tal como se cuenta fué. Y así fue como empezó a recordar, mientras
seguía caminando.

“Yo era un guerrero… momento… ¿yo quién?” -- pensó.
”Pues yo, obviamente, sino yo quién?, yo no puedo ser tu y tu no eres nadie, y si soy nadie,
puedes ser alguien, todos.“

”El era un guerrero…“ -- dije, después de distrarme con mi patética duda existencialista -- ”elfo,
para ser más específicos“ -- añadí. ´ El vivía en una época distante a mí, en una época que
denominaban la era oscura. ¿O sería mejor que fuera un gnomo?, ¿O un humano?, ¿O una serpiente?,
¿O mejor un ptera…?

Deja de decir tonterias“ -- me dije. -- ”Era un humano y ya, un humano… guerrero“ -- volví a agregar,
como si a alguien le importara. cuenta la leyenda, que este hombre ”guerrero“ -- añadí con
zorna, peleó batalla campal, por esa cosa llamada amor. Por una mujer luchó, imperios sucumbieron
a sus pies, y la naturaleza no tuvo mas que suplicarle perdón a este guerrero. Me volví a
estremecer y no sabía porqué, así que lo olvidé y continué.

ada mañana nuestro guerrero se levantaba con el canto del gallo, pero ésta mañana era inusual,
el guerrero repentinamente escuchó un ruido. A lo mejor soy un pco paranoico, pero mis
oidos se agudizaron. No escuché nada, así que continué con mis labores usuales, tome el hacha,
puse mi madero y como hacha que corta el aire, el tronco se abrió de miedo al ver el hacha
acercarse. cuando terminé con los maderos los junté y los apilé junto a la chimenea, ya venía el
invierno y cada vez hacía más frío. Continué con mis labores, cuando como fugaz imágen supe
qué estaba mal ésta mañana.
Cuando me levanté, por rutina o por sueño, no me había percatado de que Brim no estaba. Ella no
solía levantarse tan temprano. ¿Qué podría haberle sucedido?, ¿donde podría estar?. Tomé mi
caballo y a todo galope comencé a recorrer mis tierras, eran extensas, pero mi desesperación era
más grande. Cabalgué y cabalgué, hasta que con temor observe una torre frente a mi, enhiesta,
erguida como un roble fuerte.
Me acerqué, tenté la pared. No era grande su diámetro, pero su altura era inmensa. Miré al cielo,
sólo para ver como un pájaro se perdía entre las nubes, para poco después caer en picada a mis
pies. Esto sólo hacía que mi corazón se llenara de más desesperación.

Brim“ -- grité. Se escuchó un ruido que no distinguía si eran los árboles llorando mi tragedia
o Brim. Acerqué mi oreja a la pared y tratando de aguidzar mi oido, volvi a gritarle a Brim.
Entonces como si una céfiro de certidumbre tapara mis tristezas, escuché su melodiosa voz, que
hacía coro con los latidos de mi corazón. Al imaginarla ahí dentro, en su funesta prisión, mi
corazón se lleno de zozobra, recordé su bella cara, tierna, sus redondos ojos, brillantes como el
sol, bellos, llenos de vida. Era un éxtasis a la vista recordarla, un orgamos de los sentidos. Las
lágrimas me sobraban, y las palabras me faltaban para describirla. Me senté a llorar, mientras
cantaba la oda a Brim.

Tu belleza alejas,
Mis ojos te miran,
Es necesario verte,
aunque seas mi muerte.

Brim

Te pido un suspiro,
Te ruego no me lo quites
Solo por verte el aliento,
Te imploro no me mates.

Veme

Te veo y no estas,
Me ves y desaparezco,
Abrazame con tus ojos.

Aparece

No me calles,
No me ames,
Solo veme.

Tenga

Tu belleza mis ojos matan,
Tu cara mis palabras callan,
Tu nombre es mis pensamientos,
Tu existencia mi vida desaparece.

Abrí

Verte y no tenerte,
Escucharte y no me hables,
quererte y no me veas.

Teme

Obsesión es tu pensamiento,
Mi pensamiento tu belleza,
Tu belleza mi desesperación,
Mi desesperación tu regalo,
Y tu regalo mi muerte.

Amala.

Me sentía abrumado por el ejército de ladrillos, no tenía armas más que mi esperanza para combatirlos.
Después de mucho pensar, me pregunté -- ”¿Y quién la metio ahí?‘.

ntonces una respuesta apareció como si quisiera distraerme de mi pensamiento. Tenía dos opciones,
tomar un cinsel y quitar ladrillo por ladrillo, método que no sabía cuanto tiempo demoraría mi reencuentro con mi amada. Ignoraba que sucedería primero, la muerte de mi Brim
amada, o mi éxito. La otra opción era… me temblaba la voz al siquiera pensarlo. Con una especie
de ariete, pero ”Cómo hacer que caigan las piedras fuera y no dentro?” -- me pregunté. Pensé y
pensé, los árboles arrullaban mis pensamientos. ”Ya sé” -- grité, cuando de pronto un estrepitoso
ruido interrumpió las palabras.

olteé y un carro se trepaba casi sobre mí. ¿O eso ya lo había contado?. Es tan real que aun
lo siento sobre mí. No supe que hacer, más que permanecer inmóvil. No quería morir, pero ahorita
sería lo mejor que me podría pasar. Me di cuenta que seguí caminando. Volteé atrás y volví a
ver a la persona que murmuraba. ¿Era un deja vu?, ¿O no lo había oido murmurar yo?. Me sentía
desconcertado, ¿a caso pensaba?. ¿O por fin lo había dejado de hacer?.

ubí las escaleras a mi apartamento, metí la llave, traté de empujar la puerta, pero ésta no se
movía. De pronto se abrió y me ví salir como en un espejo. Cerré los ojos, entré a mi departamento,
con miedo abrí de nuevo los ojos, pero no estaba nadie mas que yo. “Será que ahora sí me
estoy volviendo loco, y Fermat no ayuda?” -- pensé.

aqué una cerveza del refrigerador, me senté frente al televisor y cambié de canal una y otra
vez, sin rumbo, sin ver nada, así como cunado caminaba. De pronto me llamó la atención mi
amigo en las noticias, subí el volúmen, para sólo alcanzar a escuchar lo último, mientras mostraban
putrefactas escenas de morbo. ”Como es costumbre en los noticieros de hoy en día.“ -- pensé.
Por un momento creí verme en la tele, pero el sonido me distraía de mis pensamientos. ”Traía
una rosa en la mano y un poema de nombre Brim en la otra.“. Alcé la vista de la admiración por
mi cerveza, para ver la televisión. Para mi espanto, era yo, atropellado por un carro.
¿O era mi amigo?, ¿O era el guerrero? Entonces recordé la historia del guerrero humano y me
pregunté como habia muerto aquél guerrero. ¿Llorando a caso pro su amada, entonando su oda?.
Entonces me pregunté” ¿Morí?, ¿quién murió”.
”Todos” -- escuché.
”¿Quién todos?” -- volví a preguntar.
”Tu” -- respondió una vez más.
”¿Yo?, pero yo no soy todos, yo estoy vivo!‘
”Si, si lo eres“ -- respondió la voz.
”¿Cómo? ¿Y tú quién eres?”
”Tu“
”¿Y quién soy yo?”
”Yo“ -- me respondió.
”Entonces yo soy todos?
”No, no somos nadie“
”Al menos para Brim…“ -- añadí, aun sin entender que me habia dicho.

esde entonce sno pienso, para no olvidarla. Y mientras menos pensaba, más me alejaba de
mi no existencia, y más dejaba de existir. Hasta que mi último pensamiento existente fué, que
uno no es lo que cree ser, sino lo que otros recuerdan de uno. O sea que estamos destinados a no
existir, al menos para Brim.

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